lunes, abril 19, 2010

UN SUPERHÉROE EN RAFAELA

Al momento de empezar a escribir esta nota me surgió la duda de que la historia que traje para contarles a ustedes, señores lectores, no sea cierta, ya que la misma sorprende y, convengamos, no es muy habitual. Y lo que yo habitualmente trato de hacer en esta columna es dar un vistazo al fútbol DESDE EL TABLÓN, no escribir cuentos ni reproducir chismes ó leyendas; por eso surgió el titubeo justo cuando me propuse a hablar sobre él.
Pero abro los diarios de la ciudad y leo sobre la persona que hoy me desvela. Enciendo la radio, y en cualquier sintonía local están comentando sus acciones. Cuando miro televisión, escucho al bueno de Leandro Follet alabándolo, y eso que Follet no es de alabar. Entonces me digo: ¡es cierto! Es verdad. El fútbol de Rafaela tiene un superhéroe y los seguidores de este blog que aun no se han dado cuenta, tienen que enterarse.
Dicen los que lo ven a diario que, como todo superhombre, este señor va por la vida disfrazado de persona común y corriente. Se hace llamar por su nombre y muchos lo conocen también por un apodo. Él camina por nuestra ciudad entremezclándose con los demás habitantes, vestido con ropa común, jean, camisa, mocasines. Y de eso puedo dar fe, porque los otros días pasé por el bar “La Gloria” y ví que él estaba tomando un café sentado en una de esas mesas que están ubicadas en la vereda, rodeado de tres ó cuatro comensales más. Supongo que será para despistar.
Esos que lo conocen, dicen también que al igual que otros superhéroes más famosos, nuestro personaje también pasó por una etapa de negación de sus poderes. Si, como leen, un día algo le salió mal y dijo basta, esto no es para mi. Y se recluyó, ajeno a todo, sin mostrarse, sin querer ver ni escuchar lo que pasaba a su alrededor, por mas que cada tanto numerosos fieles, esos que estaban convencidos de sus dones, le contaban la realidad y le insistían para que vuelva a la vida pública porque se lo necesitaba. Así pasaron varios años, pero él se mostró inflexible en su postura.
Pero bastó un llamado de auxilio. Un pedido de socorro para un situación extrema, de esas de vida ó muerte, para que él aparezca nuevamente con todo su esplendor. Como ídolo que es, supo que la situación lo requería y que era el momento de despolvar su traje para hacer gala de todo lo que sabe, de todo lo que puede y, fundamentalmente, de los superpoderes que lo hacen un héroe.
Urgentemente, utilizando su ultra velocidad, llegó volando y utilizó su súper fuerza para atrapar al equipo que caía al abismo y salvarlo. Justo él, que jugaba con los pies, debió utilizar sus manos y brazos para abrazar a un plantel hecho añicos y protegerlo como hacen los arqueros con la pelota cuando embolsan un centro. Luego, los abrigó con su capa para cubrirlos del incendio que se avecinaba y aplicó la supervista para, rápidamente, poder mirar y evaluar a los jugadores con los que contaba y que él casi ni conocía. Así pudo llegar al primer partido, donde, con su cuerpo a prueba de todo, absorbió los golpes y los proyectiles que caían desde las propias tribunas en forma de insultos y desconfianza para los jugadores. Se plantó ante la masa, impuso su presencia desde el banco de suplentes, firme y con las manos en la cintura, en un claro mensaje omnipotente: “Acá estoy nuevamente. No teman que yo los guiaré” parecía decir.
Y la gente, su gente, celebró la reaparición del titán. Aplaudió, vitoreó y se entregó para que este héroe, su héroe, los conduzca por el camino correcto, por la senda de la salvación. Y él, nuevamente en su ambiente, pudo explayarse, hacer lo que mejor sabe y convertirse, una vez más, en el benefactor de toda una afición.
Por eso queridos lectores, si alguna vez ustedes caminan por Barrio 9 de Julio y ven gente aclamando a este superhéroe del fútbol local, no se extrañen, no se sorprendan y ni pregunten si es un ave ó es un avión…porque lo mirarán de reojo y le contestarán: ¡es SOLTERMANN!

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