viernes, septiembre 17, 2010

EL INCÓMODO ROSARIO CENTRAL

Cuando se consumó el descenso de Rosario Central a la B Nacional, pocos imaginaban que este hecho sería tan traumático para el equipo auriazul. Hoy, a unos meses de producida aquella durísima pero imaginable y previsible derrota en la serie de Promoción frente a All Boys, el equipo rosarino parece un rico caído en desgracia y que, para colmo, aún no tomó real conciencia de su condición.
La pérdida de categoría produjo una debacle institucional en el club que acarreó la renuncia de su cúpula dirigencial y la convocatoria a elecciones urgentes para definir un nuevo organismo directivo. Al asumir el nuevo presidente, Norberto Speciale, y el ex futbolista Gonzalo "El Pejerrey" Belloso como manager, ambos prometieron devolver a Central a Primera y que el camino sería "por la autopista". Pero el tiempo transcurrido demoró sobremanera el armado del plantel que iba a competir en el torneo de la B Nacional y mientras los demás participantes ya estaban de pretemporada con sus formaciones casi confirmadas, Central recién salía al mercado. Con esta realidad, pudo comprar "lo que quedaba" y se enfocó en un cuerpo técnico y jugadores reconocidos con experiencia en Primera División. Así llegaron Reinaldo Merlo y una serie de refuerzos con poca ó nula experiencia en una categoría que si hay algo que no perdona, es el desconocimiento de la misma.
Aquella "autopista" prometida, rápidamente se convirtió en un camino sinuoso y hecho de barro ya que en los primeros seis partidos solo ganó uno, empató tres y perdió dos y sigue sin ganar de local. Los jugadores y el entrenador buscan desesperadamente hacer pié y buscando su identidad en un campeonato que ya se encaminó como siempre: parejo, duro y donde cualquiera le gana a cualquiera. Y detrás de los que entran a la cancha se encuentra toda la gente que rodea al equipo: hinchas, dirigentes, periodistas y empresas que tambien debieron hacer su duelo rápidamente y tratar de acomodarse a los nuevos órdenes: canchas complicadas, muchas distancias por recorrer, la imposibilidad de los visitantes de asistir a los estadios, la solicitud de credenciales de prensa para cada partido, ingresos económicos más bajos que antes y árbitros de dudosa calidad.
La dirigencia trató de reraccionar rápidamente: se aseguró la televisación de todos los partidos que juegue y que en estos los dirijan árbitros de Primera División en una concesión que inexplicablemente le hizo AFA. Pero esto no es condición suficiente para obtener buenos resultados y la realidad indica que Rosario Central viene penando por el campeonato, con sus miserias a la vista de todos y con la necesidad urgente de hacer un mea culpa, darse cuenta de la realidad que le toca vivir y que, fundamentalmente, ya no juega más en Primera División y que para ascender, deberá adaptarse y transformarse en un equipo de la "B". Ése será el primer paso para recuperar la fortuna perdida.

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