jueves, marzo 31, 2011

APUESTAS

En el convulsionado mundo del fútbol argentino actual, se viven grandes exigencias y presiones por parte de los seguidores hacia los miembros de los equipos, y en ellos incluyo a todos: jugadores, entrenadores y dirigentes. Esta especie de imposición por el triunfo de los hinchas (quienes generalmente se dejan llevar por el fanatismo acérrimo) generalmente entrega malos resultados y conlleva, cuando las cosas no salen segun lo esperado, a la renuncia de los directores técnicos quienes hace rato ya se convirtieron en un fusible descartable. Para paliar el comportamiento antes descripto, es común que los directivos, para ocupar la vacante del DT, busquen personas identificadas con el club, para de esa forma contar con alguien con "espalda" para aguantar las presiones.
A principio de los años '90 comenzó a utilizarse la estrategia de "técnicos de la casa". Fue Daniel Passarella al asumir en River Plate (tras haberse retirado como jugador menos de seis meses antes) el pionero en la actividad y consiguió excelentes resultados con el equipo millonario que lo catapultaron hasta la selección nacional. A partir de ahí, fueron innumerables los casos, en todas las divisiones del nuestro fútbol, en que los clubes contrataron entrenadores con pasado en la institución buscando un resultado similar. Obviamente, en las experiencias pueden encontrarse toda la variedad de resultados: muy buenas, como la de Passarella; no tan buenas como aquellas de Gustavo Costas ó Diego Simeone en Racing; y decididamente malas como la última de Daniel Garnero en Independiente. Y estos son solo unos pocos ejemplos de la gran cantidad de este tipo de casos.

En la actualidad, encontramos en Primera División algunos casos de entrenadores de la casa: Méndez en Banfield, Schurrer en Lanús, Pompei en Huracán, Sensini en Newell´s y J. J. López en River mientras que en la B Nacional vemos a Fuentes en Patronato, Kudelca en Unión y Roldán en San Martín de Tucumán; pero esta modalidad se desvirtúa cuando los dirigentes, en su afán de contratar a alguien "de la casa" y "con llegada a la gente" deciden entregar el mando del primer equipo a gente joven y casi sin experiencia, convirtiendo la contratación en una verdadera apuesta que puede salir muy bien ó muy mal.

Los casos de Banfield, Lanús y Huracán son claros ejemplos de lo dicho anteriormente pero, salvo el caso del "Globito", son equipos que pueden darle tranquilidad a los entrenadores para hacer su experincia. Pero la cosa se complica en el Nacional B cuando hoy nos enteramos que dos grandes equipos de la divisional como Rosario Central y Atlético Tucumán tomaron los servicios de dos DT's s identificados con el club pero sin experiencia alguna: Omar Palma y Adrián Czornomaz respectivamente serán los encargados de agarrar dos fierros muy calientes, equipos que tienen la obligación del ascenso cuando sus realidades marcan que están muy complicados para lograr ese objetivo.

¿Qué méritos hicieron algunos de esos dos entrenadores para dirigir esos equipos de elite del ascenso? Ninguno, sólo tener un pasado excelente con el club y eso puede ser un arma muy poderosa, pero si las cosas no resultan los DT quedarán como responsables del fracaso, perderán esa identificación con la gente que los ayudó a conseguir el puesto.

Con los ídolos no se juega, debería ser la frase que deben grabarse los dirigentes y la gente a la hora de buscar algún entrenador. Porque el honor, el pasado y la hidalguía de los ex jugadores de la instiución son demasiado caras para jugárselo en una apuesta.

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1 Comments:

Anonymous am9 said...

exelente pachi¿para cuando malacho al 9?

4:57 p. m.  

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