miércoles, mayo 30, 2007

EL GRAN CAPITÁN

El tipo vió venir la pelota impulsada desde media cancha y entrando al área grande por el vértice derecho, acomodó su cuerpo para matarla de pecho. Lo pensado resultó a la perfección y el balón quedó mansito sobre el césped, rodando a la velocidad justa para pegarle un derechazo (su pierna menos hábil) que impulsó al útil en un vuelo rasante, casi como un misil teledirigido, que pasaría entre un borbollón de piernas, pegaría en el segundo palo, recorrería la línea de cal como haciendo equilibrio, para que llegue alguien a empujarla y marcar el esperado gol.

Si bien para las estadísticas este tanto se le adjudica a Ricardo Gareca, que fue quien empujó la pelota, el saber popular todavía hoy guarda en sus retinas aquella corajeada de Daniel Passarella, que le valió el gol de la clasificación al mundial de 1986 a la selección Argentina y el postergado reconocimiento popular a este defensor goleador, nacido en Chacabuco (Provincia de Buenos Aires) que alguna vez coqueteó con Boca y terminó jugando y siendo hincha de River, y que hasta ese momento había sido el primer jugador en levantar una Copa del Mundo para nuestro país, momento en que el reconocidísimo semanario “El Gráfico” lo bautizó como “EL Gran Capitán”.

La historia de los años sucesivos en la vida del protagonista del post es por todos conocida. Ése partido frente a Perú, donde se graduó de ídolo, sería paradójicamente el último que jugaría en forma oficial para la celeste y blanca. Pasaría el Mundial de México donde una lesión y una enfermedad nunca aclarada lo marginarían de la competencia, sus dos últimas temporadas en Italia (donde todavía se jugaba con tres extranjeros por equipo) actuando para el Inter. como contratación estrella, y sus despedida de la actividad, jugando en River Plate, en la temporada 88-89 que no lo verían campeón aunque terminaría con el equipo clasificado para la copa Libertadores, ganándole la final de la liguilla justamente a Boca.

Seis meses más tarde, el destino lo acercaría otra vez al fútbol grande. Esta vez como Entrenador, reemplazando de urgencia al renunciante Reinaldo Merlo en River Plate. El equipo se coronaría campeón en ese primer semestre y de ahí en mas se sucederían varias campañas más con los “Millonarios” que terminarían con distinta suerte, aunque en su mayoría con triunfos y campeonatos que engrosarían las vitrinas del club. Gracias a ello, la AFA se fijó en él para dirigir la selección nacional en 1994 con la que conseguiría ganar los Juegos Panamericanos, la medalla de Plata en las Olimpíadas de 1996, y una tranquila clasificación al Mundial de 1998 que se jugaría en Francia con mayoría de jugadores jóvenes y donde alcanzaría los cuartos de final. De su paso como DT en esos años nos queda la imagen del “Kaiser”, un tipo que si bien daba confianza a sus jugadores, exigía disciplina táctica y de orden interno.

La renuncia luego del mundial se da, según él, por la imposibilidad de seguir ejerciendo el cargo debido a problemas personales ocasionados por la muerte de su hijo Sebastián en un accidente de tránsito. Y luego de una etapa de retiro volvería al ruedo, ya sin esa coraza de carácter, para trabajar sucesivamente en la selección Uruguaya, Parma de Italia, Monterrey de México y Corinthians de Brasil logrando sólo un campeonato en tierras aztecas.

En enero de 2006, un nuevo llamado de emergencia por parte de su River, lo ponían otra vez al mando del plantel profesional. Distendido, contento y hasta sonriente, Passarella aceptaba el desafío de levantar un equipo que venía de capa caída y no dudo en afirmar que medianamente lo logró ya que casi sin refuerzos consiguió un tercer puesto en el campeonato local, y llegar hasta cuartos de final de la Libertadores. Los mayores problemas surgen a principios de este año, donde el club hace una enorme erogación monetaria para la contratación de jugadores de renombre que harían un papelón futbolístico, llevando al hastío de los hinchas que colmaron su paciencia con estas actuaciones sumadas a los fracasos deportivos e institucionales de años anteriores.

Y en medio del caos, Daniel pateó el tablero. Enfrentó las cámaras y los micrófonos y se despachó con una carta abierta al hincha, en donde nuevamente se sacó la coraza, y desnudó su pensamiento y sentimiento. Pidió paciencia, ratificó ser hincha de River, enumeró cosas que hizo por el club, se emplazó y pidió paciencia otra vez. La gente pareció entender el mensaje y el último Domingo en La Plata estuvo callada ¿Qué pasará de ahora en más? Sólo el tiempo nos dará la respuesta. Lo cierto es que por lo pronto, “El Gran Capitán” entró al área y la mató de pecho. Veremos si puede rematar al gol y salir airoso de esta contienda.

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1 Comments:

Anonymous nariz said...

Me duele mucho ver a este auténtico prócer de nuestro fútbol (especialmente para el que es hincha de River) siendo tan vapuleado. El título de este post es un justo reconocimiento para este hombre.

5:40 a. m.  

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