viernes, junio 15, 2012

FANGIO Y MI PAPÁ

Recuerdo que una vez lo vi a Juan Manuel Fangio. Yo tenía dieciseis años y era viernes por la noche. Con un grupo de amigos, estábamos matando el tiempo en el centro de Rafaela, previo a alguna salida por ahí, cuando de repente vi venir caminando hacia donde estábamos nosotros a un grupo de personas mayores, llevando ritmo de paseo. Miré solo por curiosidad (en una ciudad chica hay que mirar porque puede pasar alguien conocido) y algo me llamó la atención. Uno de los hombres de ese grupo, se destacaba de los demás. Vestía un prolijo traje azul oscuro, camisa blanca y el clásico pañuelo al cuello que lleva la gente de campo acomodada; caminaba un poco separado del resto, como marcando el camino, tranquilo, sin mirar para atras pero seguro que los que venían con él seguirían sus pasos. Cuando pasó a mi lado, a no más de dos metros de distancia, lo reconocí. Era el mismísimo Fangio. Lo miré y él sin frenar su marcha, seguramente acostumbrado a las miradas curiosas, me miró fijo por un instante e hizo un movimiento corto y rápido con la cabeza como diciendo sí. Yo devolví el clásico saludo pueblerino y el viejo Fangio, quizás sorprendido por la extraña amabilidad de un adolescente desgarbado, sonrió de lado y, satisfecho, siguió caminando con su grupo de paseo.
Ese encuentro de miradas y saludos no duró más de dos segundos, pero yo me quedé petrificado. Frente a mi estaba pasando el Quíntuple Campeón de Fórmula Uno y yo no era capaz de decirle algo, o siquiera interponerme en su camino para darle un apretón de manos o un saludo un poco mas efusivo. Ninguno de mis amigos, que entablaban una conversación intrascendente, se percató de lo sucedido. Y yo permanecí ahí, plantado en la vereda céntrica, viendo como pasaba el mas grande automovilista de todos los tiempos caminando como un tipo común y corriente, con la humildad que solo tienen los grandes de verdad. Frente a mis narices pasaba el mítico corredor del cual yo había oído hablar tanto a mi papá.
Mi viejo, Carlos, nunca fue muy aficionado a los deportes aunque la actividad del automovilismo lo atraía y desde muy joven estuvo en contacto con los fierros y los fierreros. Convengamos que en su niñez / adolescencia, no había muchos deportistas argentinos para admirar, pero Fangio supo hacer los méritos suficientes para ganarse la fascinación de sus compatriotas. Y mi papá fue uno de los tantos que gozaron con sus triunfos y años después se dedicaron a recrear, contar y esparcir sus hazañas por todas partes y de esa forma elevar al Quíntuple al status de leyenda.
Lo que mi padre seguro no sabía, es que además de ser el trasmisor de historias, la vida le daría la oportunidad de emular a su ídolo. Empezando por detalles simples, como usar un pañuelo con traba al cuello como parte de su atuendo ó ser un experto del volante, pero también con la extraña coincidencia de que ambos se iban a ganar la vida manejando: Fangio autos de carrera y mi papá como vendedor viajante.
“El Quíntuple” acuñó una gran frase que decía: “Hay que ser el mejor, pero nunca creerse el mejor”, Carlitos (como todos llaman a mi papá) supo honrar ese mandamiento y día a día sale a la calle a ganarse el mango sabiéndose muy bueno en su oficio, aunque él visita a sus clientes con una humilde fanfarronería que cae muy bien y le permite lograr sus objetivos. Ambos tuvieron la inteligencia de saber rodearse, y la visión que solo los grandes de verdad tienen y que anticipan cosas que otros no ven venir, o como hacía “El Chueco de Balcarce”, aplicaba la viveza criolla y ante el desconocimiento, recorría los circuitos callejeros mientras otros dormían y a la hora de la verdad, daba la sensación de ser mas avezado que todos. Mi viejo, en la pista de la vida, al igual que el otro en las de carreras, en muchas ocasiones parecía que conocía el camino que otros no y siempre sabía cuando acelerar y cuando pisar el freno. Y aunque tuvo varios accidentes bravos, de esos que te hunden el cuerpo y el alma, supo reponerse, volver a la batalla y estar siempre bien ubicado.
Porque a Fangio le quedó el reconocimiento mundial como un gran deportista y persona que fue, pero a mi viejo se lo engalanará por siempre con el recuerdo de su paso por la vida como un gran amigo de sus amigos, solidario, un tipo que se mostró siempre jovial aun con los achaques de la tercera edad, que supo convivir con sus errores y enmendar sus metidas de pata; y a la vez ser un excelente padre de familia, un ejemplo a imitar en muchos órdenes y fundamentalmente, un hombre muy bien plantado, que supo hacer de su nombre casi una garantía y tener la seguridad que sus pasos iban a ser seguidos por los que venimos detrás, como su ídolo en aquella noche en que lo vi.
Hoy, al rememorar mi brevísimo encuentro con Juan Manuel Fangio, todavía me reprocho no haber tenido la labia de vendedor que tiene mi papá y haber podido prolongar aquel momento. Interponerme en su camino, frenar su tranquila marcha, llamarlo por su nombre, extenderle la diestra a la que estoy seguro que él hubiera respondido gustoso, aunque con un dejo de duda, creando un diálogo que imaginé miles de veces. Fangio, con su sencillez, me hubiera preguntado por que lo saludaba si yo nunca lo había visto correr. Y yo, mirándolo a los ojos profundamente como me enseño mi viejo, le contestaría: - Porque usted es el ídolo de mi papá.
Y eso hubiera sido suficiente.

DESDE EL TABLÓN LES DESEAMOS FELIZ DÍA DEL PADRE PARA TODOS.

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viernes, septiembre 10, 2010

GLORIA Y OCASO DE "EL POETA" BENAVÍDEZ

El debut de Jorge Antonio Benavídez en el primer equipo de Gimnasia Unidos no pasó para nada desapercibido. No porque en ese partido él haya sido la figura, ingresando en los últimos veinte minutos y marcando los dos goles que le permitieron dar vuelta el resultado a su equipo. En definitiva, casos así llaman la atención pero son comunes: se vieron muchas veces y seguramente se verán en el futuro. Lo que realmente puso su nombre en boca de toda la afición fueron las declaraciones que hizo a los medios locales una vez finalizado el match. Cuando los periodistas lo acosaron antes de que entre a los vestuarios y le hicieron las clásicas preguntas que se le hacen a cualquier figura de un partido, Benavídez, muy seguro de si mismo, solo contestó:
Bajo este azul de cielo inmortal
sembré mi voz, dos veces, en la verde grama
para que rojas queden las golas vírgenes
y blanca, radiante, inmaculada, la esperanza.
Muslos mayúsculos intentaron prohibir
lo definitivo que obraron mis pies insaciables
las manos, oh frías manos, acecharon
pero no apagaron el festejo del cuerpo...
Tras decir esas palabras, el jugador dio media vuelta, se metió al vestuario y más tarde salió por la puertita del fondo, dejando aun más desorientados a todos los cronistas que, atónitos, fueron testigos presenciales de aquella poética escena.
Pero si esta presentación había sido llamativa, mucho más lo fue el segundo partido donde el “Piri” Benavídez, como le decían hasta entonces, jugó de titular, con la camiseta blanca con la franja azul luciendo el número diez y fue la figura del partido donde logró convertir los tres primeros tantos de la formidable goleada (4-0) que Gimnasia le propinó al equipo de "Voluntades de Venado Tuerto" que por entonces venía puntero del torneo. Al finalizar el encuentro y ser entrevistado por las dos radios del lugar Juan Antonio, solemne, se paró y dijo:
El pasado ya es ceniza
el fuego del presente se apagó
y el futuro multiplica
su luz con un diamante
hecho de ira, pasión y lujuria.
Cuatro veces hoy gritamos
el nombre del dios sagrado
como el mar grita las olas
como el viento palabras de amor.
Al intentar marcharse y dejar a los periodistas tratando de descifrar el mensaje, uno lo llamó para que vuelva y lo bautizó para siempre: “Eeh, poeta, volvé” dijo. Y desde ahí Piri se transformó para siempre en Jorge Antonio “El Poeta” Benavídez. Y su nombre se esparció rápidamente por la zona gracias a las formidables actuaciones que lograba su equipo, presentándolo siempre como el As de espadas de la formación. Obviamente que sus actuaciones redundaban directamente en beneficio de Gimnasia, que rápidamente se ubicó en la primera colocación de la tabla y parecía marchar derechito al campeonato.
En el diario local La Voz, se registra la única columna que “El Poeta” Benavídez escribió especialmente para una edición dominical, tras una nueva y apabullante victoria acontecida el día anterior. En la sección Deportes, Jorge Antonio decía, entre otras, cosas como ésta:
Cuerpo fatigado, Alma templada
sudor generoso que riega la vida,
boca ambiciosa que busca
el beso cálido, que gane a la tristeza.
Si tu fueras ésa que yo busco
Victoria, falaz, esquiva, dura.
Aquí estoy, me ofrezco, tuyo
Sé mía, te espero, te ansío.
El boca a boca, como siempre, pudo más que cualquier otro medio de comunicación y Benavídez se convirtió en ídolo de la afición local, tanto por sus goles que alegraban a la parcialidad futbolera de la ciudad, como por sus declaraciones que acariciaban el alma de aquellos que preferían las letras sobre el deporte. Todos hablaban de él. Los pibes en las escuelas, los muchachos del bar, las amas de casa cuando se encontraban en el almacén haciendo las compras, los hombres en los asados de los viernes y fundamentalmente las jóvenes que en sus tertulias, lo tenían como tema obligado y en sus vueltas de domingo incluían una pasadita por el frente de la casa del jugador para, tal vez con un poco de suerte, forzar un supuesto encuentro casual.
Por eso, nadie supo bien por que razón las actuaciones de “El Poeta” Benavídez comenzaron a decaer. Algunos lo atribuían a una vida licenciosa, producto del aprovechamiento que hacía de su incipiente fama y que lo llevaba a visitar los lugares de diversión hasta altas horas de la noche, abusar del vino, e irse siempre con buena compañía femenina. Las señoras de la Comisión de Beneficencia lo justificaban diciendo que Benavídez dormía poco porque utilizaba la tranquilidad de la madrugada para leer poesía y escribir sus propios versos. Mientras que su Director Técnico lo apañaba con un simple “son cosas del fobal...ya va a volver a su nivel”. Lo cierto es que el juego demostrado por “El Poeta” ya no era aquel brillante de los primeros encuentros y eso también se traslucía en sus declaraciones, que tampoco conformaban a la exigente platea literaria. Todavía se recuerdan sus palabras al finalizar un partido que lo tuvo con una opaca actuación:
Ni fútbol, ni goles
sólo palabras en el tiempo
como hojas que lleva el viento.
Llegando al final de la segunda rueda del torneo, Jorge Antonio completó seis partidos sin marcar tantos, en consecuencia, el nivel del juego de su equipo había descendido y todos se preguntaban, tal como tituló “La Voz” ¿QUÉ TE PASA BENAVÍDEZ?”. Las malas críticas hacia el jugador caían generosas desde todos los estamentos de la sociedad. Al respecto, el jugador ofreció una entrevista en la tira diaria de deportes de una radio local donde dejó bien en claro que a él las críticas no lo molestaban y que, al contrario, lo hacían mucho más fuerte. Lo hizo de manera ofuscada y elocuente diciendo lo siguiente:
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste con un ladrillo
pasaré todos los días
así me construyo un castillo
El ocaso comenzó a vislumbrarse fehacientemente en la ante última fecha del torneo en que Gimnasia, que podía ser campeón si ganaba, se topó con Sportivo, que venía último cómodo, pero que vivió una de esas tardes en que salen todas e inesperadamente se impuso con un claro e inobjetable 2-0. El resultado lo complicaba al equipo de “El Poeta” de cara al final del torneo y eso se notó en la declaración final, cuando los cronistas lo abordaron buscando una explicación a su mal desempeño y a lo sucedido. Él respondió:
En este lugar sagrado
donde acude tanta gente
hace fuerza el más cobarde...
y se cortó la transmisión por lo que el final nunca pudo ver la luz pública.
El último partido del campeonato lo protagonizaron Gimnasia, que era local y puntero, frente a Unión que marchaba segundo a un punto. El estadio estaba lleno porque era una verdadera final. Todos esperaban que sea un partido cerrado y confiaban en que “El Poeta” vuelva a ser el que era, frote la lámpara, haga de las suyas y defina todo a favor del equipo albiazul.
Nada de eso ocurrió. Unión se mostró como un equipo más aplomado y dominó el partido desde el primer minuto hasta terminar con un lapidario 4-0 a favor que lo consagró campeón. Benavídez fue una sombra, no hizo siquiera una jugada correcta y salió reemplazado en el entretiempo.
Cuando los periodistas lo fueron a buscar para tener su opinión acerca del partido y de la increíble pérdida del campeonato no lo encontraron. Se había ido antes de que todos regresen al vestuario.
Sus compañeros lo fueron a buscar a su casa, pero cuando llegaron ésta estaba vacía y del jugador no había ni rastros, ni muebles, ni algún par de medias olvidado, nada. Y nunca se supo más nada de él. Ni noticias de que juegue para otro equipo o de que haya publicado algún poema por ahí.
Sólo se conoce el testimonio de un periodista que dice haberlo encontrado en la estación de ómnibus, a punto de tomarse un micro para Buenos Aires. Él dice que le preguntó acerca de lo que todos querían saber y cuenta también que Jorge Antonio “El Poeta” Benavídez lo miró y, con lágrimas en los ojos contestó: -“¿qué mierda querés que te diga macho? Nos rompieron el culo”.

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viernes, julio 23, 2010

EL ÁNGEL DEL FÚTBOL

"Hay tres clases de futbolistas. Los que ven los espacios libres, los mismos que cualquier payaso ve desde la tribuna y los ves y te ponés contento y te sentís satisfecho cuando la pelota cae donde debe. Después están los que de pronto te hacen ver un espacio libre sin más, un espacio que vos mismo ó quizás otro podrían haber visto de haber observado atentamente. Ésos te toman de sorpresa. Y luego hay aquellos que crean un nuevo espacio donde no debería haber habido ningún espacio."
"Ésos son los profetas. Los poetas del juego."

Hans Jorgen Nielsen - Novelista danés

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viernes, enero 15, 2010

CORTITO Y AL PIE VII: GOLAZO.

...Fue un golazo, sin dudas che. No me discutan más. GO-LA-ZO, como se los digo. Acéptenlo por Dios...
...no me interrumpan, déjenme explicarles. Para juzgar la calidad de un gol, ustedes tienen que apreciar "el todo" de la jugada, desde su inicio a su final, casi sin tener en cuenta el contexto donde se marcó este tanto. Un gol es golazo tanto en un campito, como en una cancha de fútbol cinco, ó en una cancha reglamentaria mientras se juega la final de un mundial. Toto, servime otro vaso de vino...
...pará, no me hagás callar, dejame terminar aunque sea. Además no me podés seguir discutiendo algo tan obvio. Fue un golazo, como les dije. ¿Ó no lo vieron acaso? ¿No estaban ustedes conmigo adentro de la cancha?..Y bueno, parece que no...
...Esperen, antes de que sigan boludeándome, repasemos el gol, perdón, el golón como dirían algunos. Pero analicemos todo, porque para declararlo como gran gol que fue, hay que analizar todo. Pepe, servime otra costillita y acordate que faltaba poco para terminar el partido y vos sobre todo, no levantabas más los piés. Acuérdense que al final todos ya estábamos cansados y había que tener la pelota para aguantar el empate, y nadie la pedía, todos se escondían...
...¡Paren, déjenme hablar...carajo, mierda! Repasemos. Vos Chulo, no me vas a dejar mentir. Acordate que te pedí el pase, vos salías por el lateral y como vi que la ibas a reventar, te lo pedí. ¡Acá Chulo, te dije! Si yo estaba solo en el círculo central ¿ó no? Bueno, y vos ¿que hiciste? ¡Claro, que me la diste! Pero, ¿cómo? Aaaaa, ahí está el punto. En lugar de tirarme un pase al pié, no, el señor le pegó un puntinaso a la pelota que me salió derecho a los huevos....
...¡Es la verdad! A los huevos me venía...Che, ¿queda ensalada? Servime, sin lechuga...Y bueno, ¿que hice yo? Dos pasitos para atras, para cambiar el ángulo de impacto y frené la pelota con el muslo. Primer gesto técnico, para que tengan en cuenta...
...¡Y claro que la pelota se levantó! No soy Gago yo, pero aprecien el gesto. La pelota fue para arriba, y mientras se elevaba, yo miraba la escena, visión periférica que le dicen. ¡No se rían, forros! Si así le dicen. Y ahi los vi a ustedes, todos medios muertos, todos escondidos atrás de los marcadores, y nadie la pedía, porque tampoco escuché a nadie que la pedía. Esos fueron los segundos gestos técnicos que te marcan un golazo....
...¡Es que es para agrandarse! Claro, porque no me quedaba otra. "Matar" la pelota con el pecho, dejarla mancita, tranquila y salir jugando era lo ideal, pero ¿adonde iba a ir? Ya estaba todo analizado y no tenía opción, si ninguno de ustedes se desmarcaba. Así que la toqué apenas con el empeine derecho, para acomodarla mientras picaba en el piso, fíjense que usé la pierna menos hábil, la de palo, porque sabía lo que venía...¡ya se gestaba el golazo! ¿Está bueno el matambre? Dame un pedacito, para probar, nomas.
...¡Es que había que hacer tiempo! No podía pararla porque la perdía en ese sector y se venían todos. Así que la agarré de sobrepique, para pasarlos por arriba a los defensores y que llegue al arco con la fuerza justa...fue un golazo, no me pueden decir que no...
...La pelota hizo la parábola ideal, justa. El arquero, ya desde que salió el remate desde mitad de cancha, intuyó que no llegaba y que el descenlace era irremediable. Retrocedió, uno, dos, tres, ¿llegó a los cuatro pasos antes de volar para atrás? Pero fue inutil, la pelota se coló ¡al ángulo, vieja! Al ángulo te repito y te remarco...
...Analicen, piensen, no me lo pueden discutir. Un golazo, fue un golazo. Por su concepción, por su ejecución, porque reunió los mejores gestos técnicos que se pueden encontrar en un jugador, porque fue un remate desde la mitad de cancha que entró en la parte más difícil del arco...
...Paren che, no me puteen mas, el gol fue en contra y perdimos, pero fue un golazo. No se discute mas. ¿Postre compraron?

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miércoles, noviembre 04, 2009

SU MAJESTAD, LA PELOTA.

Cuando se habla del fenómeno mundial que es el fútbol, siempre se buscan las causas de éste y en ese aspecto yo tengo una teoría que dice que este deporte logró tanta popularidad, entre otras cosas, porque es muy fácil practicarlo ya que con una pelota y dos personas que tengan ganas, ya se arma un picadito.
Pero muy a mi pesar, hay una condición indispensable para practicar fútbol: indefectiblemente, se juegue donde se juegue, sean los que sean que tienen ganas, si o si, se necesita una pelota. Y a ustedes lectores adultos seguramente hoy les parecerá fácil conseguir un balón, comprándolo en cualquier comercio de venta de artículos deportivos, pero yo les propongo que se remonten a su niñez y recuerden lo difícil que era contar con ese elemento indispensable para la práctica del balonpié.
Es que cuando éramos niños no teníamos la independencia económica con la que contaba la gente mayor para adquirir cosas y dependíamos del poder adquisitivo de los padres que, con suerte, una vez al año en nombre de Papá Noel ó Los Reyes nos traían esos preciados paquetes de forma redonda. Y así es que por las calles y campitos de la ciudad podíamos ver y encontarnos con innumerable cantidad de balones de diversas características que paso a enumerar, por orden de calidad decreciente:
Pelota profesional: un objeto casi imposible de ver y conseguir que cuando, casi por casualidad, llegabas a encontrar en algun enfrentamiento contra extraños te hacía sentir como que estabas en la mismísima cancha de River, por más que en realidad te encuentres en un lote baldío. Yo tuve la suerte de tener un primo que le regalaron una "Adidas Jalisco", muy de moda luego del Mundial ´86, pero que usábamos solo en ocasiones especiales. Otras podrían ser la clásicas "Tango" ó más acá en el tiempo una "Etrusco", todos balones provistos por la marca de las tres tiras.
Pelota a Fetas: confeccionadas en cuero ó similar pero más populares que las profesionales, podían verse asiduamente por los campitos en sus cuatro versiones, la azul y amarilla para los de Boca, la blanca y roja para los de River, la negra y blanca unisex, y la más difícil de conseguir azul y roja para los de San Lorenzo. Si bien los de Racing e Independiente podían sentirse discriminados, lo importante era jugar al fútbol y esta pelota era bastante buena a pesar de que se ovalaba facilmente, que cuando se mojaba se ponía bastante pesada y que, además, se le movía la cámara produciendo problemas a la hora de inflarla ya que no se le encontraba el agujero correspondiente, corriendo el riesgo de pincharse.
Pelota de plástico: muy popular debido a su bajo costo y que presentaba diseño de todos los colores, este artículo era muy usado especialmente en el fútbol callejero ya que en un campito corría es riesgo de pincharse con alguna espina u objeto de punta aguda que ande dando vueltas por ahí. Además de que el viento la movía fácilemente por su bajo peso, si tenías la mala suerte de que se pinche, la pelota podía seguir usándose pero no picaba más y se abollaba si le pegabas fuerte.
Pelota de goma: también un artículo popular, como la anterior, pero que garantizaba un mejor pique, mayor resistencia al viento y algo más de durabilidad. El problema era que "quemaba" si te pegaba en el cuerpo y que cuando se le hacía un agujerito, enseguida se habría como una toronja.
Hasta aquí todo bien, pero había veces que había que jugar al fútbol y no se conseguía por ningún lado una pelota para realizar la actividad. Por ello el ingenio popular argentino ofrecía soluciones alternativas para capear la situación, como la utilización de una pelota pinchada que servía para calmar la ansiedad; ó una de básquet, que con su relieve le rompía las manos al arquero; ó de vóley que era muy liviana y permitía el lucimiento personal; ó de tenis, que te garantizaba un partido con muchos goles; ó la de trapo hecha con medias y pedazos de remeras viejas (mi primo, el del Jalisco, era experto); ó los casos extremos donde no se permitía una pelota como en la escuela primaria, donde en los recreos aprovechábamos el patio de baldosas deslizables y, a escondidas de las maestras, jugábamos con un pedazo de madera (ahí le decíamos jugar "a la maderita"). Y hay más aun: en alguna fiesta de club, donde se tomaba una bolsa de polietileno que alguien había llevado para trasladar la vajilla, se la llenaba de papeles, hojas secas y basura liviana, se le daba forma más o menos redonda y se procedía a jugar con dos pulloveres ó botellas vacías como arco, mientras los mayores gastaban tacos en la pista de baile.
Pelotas chicas, pelotas grandes, decía la vieja publicidad radial y ella, la redonda, la globa, el útil, el balón, ó como quiera que le digan siempre estuvo como parte fundamental del fútbol como juego, deporte y profesión, hasta tomado prestado su nombre para algunos. Y para nosotros, los del tablón, que mamamos el fútbol desde la cuna, fue la que nos desvelaba por las ganas de tenerla y que hoy todavía lo hace con sus caprichos y mandamientos, tal como lo hace una verdadera reina.

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miércoles, junio 03, 2009

CARTA A UN DIRIGENTE

Rafaela, junio de 2009.-

Señor Dirigente:

Le escribo esta carta desde mi casa. Le cuento que acabo de regresar de la cancha, luego de que nuevamente nuestro equipo haya quedado lejos de toda chance de ser campeón, y quiero de esta forma hacerle llegar mi enojo para con usted, enojo que comparto con otros hinchas que como yo, por estas horas se sienten desahuciados y todavía ahora deben estar apostados en la tribuna insultándolo, mientras la luz del estadio se diluye junto a sus ilusiones.

La verdad es que no estoy bien, señor Dirigente. No le voy a mentir ahora. El equipo que usted construyó junto al entrenador que eligió, nunca funcionó como yo y los otros fans esperábamos. Y es injusto que esta situación nos ocurra a nosotros, señor, a nosotros que seguimos al equipo a todas partes, a nosotros que sufrimos con cada pelota, con cada gol en contra. A nosotros, que gritamos, que alentamos, que ponemos dinero de nuestro bolsillo para las entradas y las banderas, que apoyamos, que estamos en las buenas y en las malas. No. No puede ser señor, no puedo convencerme ni convencer a los otros hinchas de que esto nos ocurra otra vez y quiero de esta forma que entienda la bronca de los que todavía en este momento lo siguen insultando.

Nosotros teníamos un sueño, compréndalos y compréndame, que era ver a nuestro equipo en lo más alto. Y usted, señor dirigente, no hizo nada para que eso ocurriera. Y nosotros los hinchas, señor Dirigente, nos conmovemos como sucede cada mes de Junio cuando la realidad nos muestra al equipo lejos de aquel anhelo.

Aunque, tengo que confesarle algo señor: yo soy muchos menos pasional que aquellos otros, y esta noche preferí el rápido retorno al hogar antes que quedarme en la tribuna, insultándolo a usted y a su pares. Yo elegí otro medio, que es esta carta, y mientras escribo, ya un poco más sereno, imagino todo lo que le diría en estos momentos si lo tuviera enfrente mío. ¿Y sabe una cosa, señor? Reflexionando, me acabo de dar cuenta de una cosa: tanto yo como esos que dicen llamarse “Hinchas” nos acordamos de usted ahora, en este mes, cuando las cosas no salieron como se esperaban, pero no fueron (no fuimos) capaces de ir a preguntarle si necesitaba ayuda un año atrás cuando usted planificaba la temporada. ¡Y todavía tenemos el tupé de criticarlo, de evaluar su gestión! Cuando, mientras usted pensaba como afrontaría los gastos que origina la campaña, nosotros leíamos el diario pensando en que jugadores llegarían; ó cuando usted pasaba muchas noches reunido con otros dirigentes, empresarios y profesionales nosotros esperábamos tranquilamente el comienzo de un nuevo torneo, tranquilos en nuestra casa.

Solo le voy a pedir algo en mi nombre y en el de aquellos: sepa disculparnos, señor Dirigente Estamos siendo injustos con usted, lo reconozco. Vuelvo a la imaginaria imagen suya de estos momentos y estoy seguro que usted esta noche se sentirá más abatido que yo. No lo dudo. Si usted es tan hincha como yo, como ellos. Usted también sigue al equipo a todas partes, sufre con cada pelota, con cada gol en contra, grita, alienta, pone dinero de su bolsillo y apoya en las buenas y en las malas. Y como si fuera poco, al fracaso futbolístico del equipo que usted está sufriendo como hincha que es, seguramente le estará agregando una dosis de frustración personal, que viene acompañado por un mar de dudas, que lo hacen rever lo actuado hasta aquí y meditar si se ha equivocado en algún momento. Una vez más, le pido sinceras disculpas señor Dirigente. Los pibes son pasionales ¿vio? Y por ahí se dejan llevar por unos pocos, motorizados por el dolor de no poder ser.

Y yo en mi casa, como le decía la principio, mientras usted seguramente todavía no regresó a la suya porque se quedó trabajando para organizar los días que vendrán pensando en cambiar para mejor, aprovecho estas líneas para agradecerle. Gracias por estar, gracias por trabajar por mi club, por las horas lejos de su hogar y de su familia en pos de un sueño de muchos, que unos pocos valientes, como usted señor, se atreven a liderar. Gracias por representar a mi equipo con responsabilidad, por dejar su nombre limpio y bien parado por donde sea. Gracias por sentir el fútbol como yo lo hago, por ser más hincha que yo ó que los otros, por entender que nosotros nos conmovemos pero no nos movemos y a veces nos extralimitamos en nuestro derecho de “hinchas” y lo castigamos a usted, señor.

Entiéndanos por favor, sepa usted comprender que cuando al arriero se le empantana el carro, seguramente castigará a su caballo más fiel, porque sabe que es el que lo sacará del barro.

Con afecto y respeto, desde el tablón.

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viernes, febrero 20, 2009

EL FÚTBOL, MI ABUELA Y YO

Según mi mamá, a mi abuela Celia (su madre) le gustaba el fútbol. Y siempre pensé que esa afirmación era verdad, porque mientras otros recuerdan a sus nonas cocinando ó cosiendo, las primeras imágenes de mi abuela que se me vienen a la memoria es de ella cuídandome un sábado a la noche, sentada en el comedor de mi casa, mirando algún partido ó una pelea de box.
Desde que yo, más ó menos a mis once años, empecé a interesarme por los avatares del fútbol argentino, nació un ritual que se repetía domingo tras domingo: cruzarme hasta la casa de mis abuelos para mirar Fútbol de Primera, ya que en mi casa el resto de mi familia no compartía mis gustos y utilizaban el TV para mirar otros programas. Allí, además de empaparme con la actualidad que había imaginado horas antes escuchando los partidos por radio, aprovechaba para aprender infinidad de anécdotas del fútbol que mi abuelo me iba contando. Mientras tanto, mi abuela nos miraba en silencio, a veces con un tejido en la mano, otras, solo como un mudo testigo, interrumpiendo únicamente para preguntar si necesitábamos algo para tomar ó comer.
El ritual se repetía a veces durante la semana, cuando la TV transmitía algún partido "en vivo y en directo", como podía ser, por ejemplo, algún partido de la selección nacional. Allí la cosa cambiaba un poco, porque mi abuela parecía que le prestaba más atención y sufría con el acontecer del match. En esas ocasiones, desde su ubicación habitual, acompañaba cada ataque del equipo argentino con un susurro, que parecía una plegaria y que yo escuchaba claramente: "vamos muchachos, vamos muchachos" repetía infinidad de veces hasta que el ataque se disolvía o terminaba en gol. Por el contrario, cuando el que atacaba era el rival, Celia susurraba una advertencia: "cuidado muchachos, cuidado muchachos", llegando hasta el suspiro de alivio si el avance no prosperaba ó hasta el lamento sentido, cuando marcaban el tanto.
Esa actitud de mi abuela me parecía graciosa y nunca la entendí muy bien, pero más gracia me causaba su extraña propensión a no entender los hechos del partido ni los nombres de los jugadores. Ella nunca entendía bien lo que pasaba en el juego y yo no me molestaba mucho en explicarle porque sabía que no lo entendería. Tampoco me molestaba en corregirla cuando le decía "Fiyol" al "Pato Fillol", "Necochea" a Goycochea ó "Bambinovieyra" (así, todo junto) al Bambino Veira; ya que le atribuía esas equivocaciones a su incipiente sordera.
Cuando falleció mi abuelo, siendo yo adolescente, las visitas y el ritual de los domingos cambiaron en su rutina. Mi abuela a veces me acompañaba y otras, la mayoría, se iba a dormir dejándome solo con el TV. Nunca me pregunté por que su gusto por el fútbol había desaparecido tras la muerte de su esposo, pero hoy, con la perspectiva de los años que han pasado, puedo afirmar que a pesar de lo que decía a mi mamá, a mi abuela Celia no le gustaba el fútbol.
Claro que no, ella usaba a este deporte como un medio para acercarse a su marido, para cebarle mate mientras él escuchaba al "Gordo" Muñoz relatando a Boca, para comprarle "EL Gráfico" y que tenga algo para leer antes de dormir la siesta y aprovechó el regalo de tener un nieto futbolero para mimarlo, para cederle el televisor cuando había un partido, para servirle un jugo en verano ó un café en invierno y hasta para enviciarlo un poco, regalándole una golosina ó dándole a escondidas una copita de Anis "8 Hermanos" mientras él miraba los partidos.
Eso fué el fútbol para mi abuela, un medio para ser una gran esposa y también una nona hecha y derecha que no le importaba un corno que pasaba en la cancha, que deseaba que ganen Boca y River, porque eran los equipos de su marido y su nieto, y fundamentalmente estar ahí, ocupando el lugar que la vida le dió. Aunque, les soy sincero, cuando ella se enteraba que ganaba Racing, esbozaba una sonrisa pícara y de satisfacción que era inocultable.

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viernes, noviembre 21, 2008

CORTITO Y AL PIÉ VI

TOCATE EL PELO

El estadio había quedado chico esa tardecita de verano. Hacía calor, si, pero nada impediría ese día que el público colme las instalaciones del “Monumental”, como le decían los locales a la prolija cancha del Atlético, ya que el andar del equipo era más que satisfactorio. Jugaba bien, venía de racha y, seamos sinceros, el rival de turno no era de lo mejor del torneo.
Yo llegué sobre la hora de inicio del partido. No es que el match no me interesaba, al contrario, si no me había perdido un solo partido; pero recién volvía de un viaje con mi padre, que aprovechaba mis vacaciones escolares para “usarme” de peón en su negocio.
Las tribunas “chorreaban” de gente, como decía un improvisado relator radial , por lo que no tuve más remedio que ubicarme apoyado en el alambrado, a ras del piso, en el único huequito que encontré entre un gordo y una columna justo cuando ingresaban los equipos a la cancha. Papelitos, cantitos, manos arriba para saludar a los espectadores, “el clásico folclore del fútbol” seguía diciendo el ahora obvio relator.
Y de pronto, al mismo momento que el juez daba la orden de iniciar el juego, nadie sabe de donde, él apareció. Vestía musculosa, pantalón largo dos talles más grande amarrado con un cinto a punto de cortarse, ojotas. Y olor a vino, mucho olor a vino. Lo vi apuntar y enfilar hacia donde estaba yo y rogué que no fuera lo que me imaginaba. Pero nadie escuchó mi ruego y el clásico borracho que nunca faltaba por ese entonces en cualquier estadio de pueblo, se hizo un lugar entre el gordo y yo, que me quedé aplastado contra la columna. Era eso ó no ver el partido y mi expectativa por un posible triunfo de mi equipo pudo más.
El borracho apenas se ubicó empezó con su propio show como todos los de su condición: con gritos hacia el árbitro, algún insulto al rival y un par de escupitajos fallidos al juez de línea que corría pegado al alambrado. Yo, en mi lugar quietito trataba de concentrarme en las acciones del partido.
Pero de pronto, mi vecino cambió su actitud y se dedicó a alentar a nuestro equipo, enfocándose en nuestro mejor jugador: “¡Bien Marcelo!” le gritaba a nuestro “10”. “¡Jugá Marcelo, jugá como sabés!” seguía. Y al ratito nomás, tiro libre cerca del área para nosotros. “¡Pegale vos Marcelo!” fue la “orden” del beodo espectador que, mientras su admirado jugador acomodaba la pelota, se dio vuelta y mirándonos a los demás espectadores que lo rodeábamos nos dijo: “Prepárense para el gol” y empezó a cantarlo “goooooooooo” así, alargando la “o”, pero sin terminar la palabra. Marcelo pateó y fue un golazo. Al ángulo. Y todos los gritamos y nos reíamos de alegría y del vaticinador que teníamos a la par nuestra. “Te dije Marcelo” prosiguió con su imaginario diálogo el borracho, “festejalo ahora” decía mientras el autor del gol se abrazaba con sus compañeros.
“Vamos, a seguir así Marcelo” gritaba mientras se reanudaba el juego. “Ahora meteles otro gol” continuaba con sus instrucciones. “Bien Marcelo, tocala ahora”. Y Marcelo tocaba. "¡Correla Marcelo!" Y Marcelo picaba al vacío. "¡Pedila Marcelo!" Y Marcelo levantaba la mano, llamando la atención de sus compañeros. El espectáculo ya empezaba a hacerse gracioso. Parecía que nuestro jugador estrella obedecía cada una de las “órdenes” de este señor que de señor tenía poco y de sobrio también.
Pelota por el aire, pase largo. “Matala de pecho Marcelo” y Marcelo la dormía con el pecho y salía jugando. “Encará Marcelo” y Marcelo encaraba, ganaba y afirmaba estar en una de esas tardes en que le salían todas. Pero la gente ya miraba antes al borracho que al partido. Tiro de esquina para el Atlético. “Marcelo, no vayas al área” y Marcelo como si lo escuchara y acatara la instrucción, se quedaba plantificado a un paso de la media luna. Y nuevamente, mi ahora gracioso compañero de lugar, que se da vuelta y anuncia: “Viene el gol de Marcelo: goooooo”. El arquero rechaza con los puños el tiro desde la esquina, el “10” toma la pelota como viene. ¡Golazo! Ahora la puso contra el palo. Y la gente deliraba y se quería abrazar al borracho. “Bien Marcelo, festejalo” repitió éste una vez más mientras el goleador dedicaba el tanto a alguien de la platea del otro costado.
Dos a cero, el partido tranquilo, con un rival que no haría nada por descontar y se conformaba con perder por poco. Faltaba poquito para terminar el primer tiempo y la gente definitivamente quedaba a la expectativa de lo que diría ahora este personaje que parecía vaticinar uno y cada uno de los movimientos de Marcelo. “Tocala cortita Marcelo” y venía un pase seguro a un compañero. “Corré, no te quedes” y Marcelo arrancaba.
Y justo sobre el final, como si fuera el punto culmine de una comedia, Marcelo se tiró por la banda derecha y quedó justo a dos metros de donde nos encontrábamos ubicados, cuando llegó la orden: “Encará Marcelo” y obviamente Marcelo intentó un regate ante su marcador. “Buscá el full Marcelo” y el defensor no aguantó y le tiró la zancadilla haciéndolo caer. “Bien Marcelo, levantate”. Y Marcelo se levantó. “Ahora, tocate el pelo”.
Todavía recuerdo la cara de desconcertado de Marcelo al ver que toda la gente de ese sector de la cancha se reía y aplaudía mientras él se acomodaba su largo cabello.

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miércoles, agosto 06, 2008

SOLO SE QUE NO SE NADA

Anoche me senté frente a la PC con la intención de escribir una serie de ideas que hace rato me vienen dando vueltas en la cabeza. El tema en cuestión era sobre la amistad y de como influye a la hora de jugar al fútbol con amigos.
Comenzé y borré varias veces hasta que en definitiva le di la forma que creía conveniente. Al leer la pequeña obra, me dí cuenta que era algo muy similar a algo que había leído en algun lugar alguna vez. Pensé, recordé, busqué y lo encontré. Al leerlo comprobé que grandes son los que realmente saben de esto, y por supuesto inmediatamente borrépara siempre lo que había hecho.
Pero para no dejarlos con las ganas acá les dejo lo que ustedes, grandes lectores, se merecen: un escrito como se debe por el gran ALEJANDRO DOLINA, de quien hablaré más adelante. Disfrútenlo tanto como yo.
INSTRUCCIONES PARA ELEGIR EN UN PICADO DE FÚTBOL
Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo, se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos.
Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a cada uno de sus compañeros.
Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos.
Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida: sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advierten su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.
Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían... ciertas cualidades.
Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía siempre a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran los más capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico: uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán.
Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.

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miércoles, febrero 06, 2008

FÚTBOL ARGENTINO AÑO 2030

06 de Febrero del año 2030 en Argentina. La NASA informó al mundo que restauró la capa de Ozono. Un dólar cotiza 1,001 Patagones por lo tanto la gente se acerca en masa a los centros turísticos aprovechando la bonanza económica y que el sol ahora no quema tanto. Los equipos de fútbol están por comenzar el Torneo Clausura “Gaseosa Narampol” aunque la organización actual no es la mejor. La presidenta de la Nación en persona, Florencia Kirchner, se reúne con el titular de AFA don Julio Humberto Grondona quien, luego de su matrimonio con la exitosa conductora Mirtha Legrand se sometió, al igual que su nueva esposa, a un tratamiento criogénico que garantiza 150 años más de vida y después se verá . La primer mandataria y el dirigente, analizan la realidad de los clubes tras cumplirse quince años de la puesta en marcha de la ley que permite que los clubes de fútbol sean sociedades anónimas y notan que en los principales equipos del país sucedió y sucede lo siguiente:

Boca Juniors: Fué comprado por el Grupo Socma, cuya cabeza visible es el ex candidato presidencial Mauricio Macri, quién al asumir funciones canceló los contratos de 38.000 jugadores que formaban parte del plantel superior, entre los que se encontraban los veteranos Palermo, Rattín y Osvaldo Potente. “Vamos a hacer una revisión caso por caso” aseguró el titular de la empresa xeneise y continuó “porque me parece que acá hay jugadores que vienen, fichan y se van”.
El viejo astro Diego Maradona, a través de su representante legal y yerno, el ex futbolista Agüero, hizo una importante oferta por el paquete accionario de Boca Juniors SA aunque después se arrepintió, y exigió ser técnico del equipo para ayudar en la depuración del plantel que hace quince años no consigue títulos. Aunque más tarde se desdijo y aseveró que se iba a su casa a descansar aunque luego se lo vio merodeando por el palco de su propiedad tratando de colgar una bandera que decía “La pelota no se mancha” mientras comentaba que él toda la vida quiso ser manager de Boca y lo juró por sus nietas.

River Plate: Adquirido por un grupo israelí denominado “Sucesores de Pinhas Zanhavi SRL” quien creó una sociedad fantasma con sede en las Islas Caimán y nombró como director al otrora destituido y ex presidiario José María Aguilar. El viejo / nuevo presidente trató de reforzar el equipo aunque éste nunca respondió y se devoró sucesivamente a seis técnicos identificados con el club: Ortega, Crespo, Silvani, Comizzo, Del Bono y Michael Díaz poco pudieron hacer en estos quince años que llevan de sequía de títulos.
Una horda de malvivientes identificados como hinchas trató de incendiar las oficinas de la empresa titular “Riverplei SA” y fueron detenidos por la policía. El jefe de los incendiarios era el reconocido ex jugador Norberto Alonso (apodado por sus pares como Capitán Beto) quien al parecer buscaba sembrar el terror para quedarse con las acciones de la empresa a bajo costo y lograr su sueño más preciado: ser presidente, entrenador y manager del equipo de sus amores y lograr que su hijo Betito, que hoy tiene 54 años, juegue en primera. El viejo y sapiente Aguilar minimizó las acciones diciendo: “esto, ganando tres partidos seguidos se soluciona”.

San Lorenzo: Como ustedes seguramente supondrán, este club fue comprado por la empresa “Ideas del Sur”. Su propietario, el joven empresario Francisco Tinelli, (hijo del recordado animador Marcelo del mismo apellido que falleciera a manos de su esposa cuando lo encontró en una orgía enfiestándose a Ingrid Grüdke, Florencia de la V, al enano Polvorita disfrazado de Batman y a un perro callejero) en estos últimos quince años hizo todos los esfuerzos por complacer los desmedidos requerimientos de su veteranísimo entrenador Ramón Díaz y contrató gran cantidad de jugadores provenientes de Europa pero no consiguió que su equipo pueda ganar algo. Como era previsible, la empresa quebró por las altas erogaciones realizadas y su titular para sanear las finanzas utilizó el estadio Nuevo Gasómetro para hacer un súper prime del Rally televisado “Corriendo por un sueño” y levantó el césped de la cancha para grabar una novela llamada “Pastito feo”. La última vez que se lo vio vivo, estaba siendo perseguido por la barra brava por la villa del Bajo Flores al son del grito: “chau, chau, chau, chauuuuuuuu”.

Independiente: Este club fue expropiado a sus socios por parte del gobierno nacional y entregado a un grupo de sindicatos para su administración. Esta asociación llamada “Compañeros rojos S.H.” que fue encabezada por Pablo Moyano (hijo del ex ministro de trabajo Hugo) se encargó de construir un hotel y un centro médico en la sede mientras que en el estadio, aprovecharon el verde césped para hacer un camping. Con lo recaudado reforzaron al equipo de fútbol que hacía las veces de local en el estadio de Arsenal de Sarandi (club que fue adquirido por unos ferreteros del barrio) aunque lo invertido no dio sus frutos y el equipo hace más de quince años que no sale campeón de nada.
La sequía de triunfos trajo aparejadas peleas dentro de la comisión sindicalista y la interna explotó cuando falleció el ídolo del club, Ricardo Bochini, y en su entierro las distintas parcialidades gremialistas se enfrentaron a tiros para ver quien se ubicaba más cerca del féretro, siendo detenido por este hecho, un tal Jorge “Madona” Quiróz. El gobierno nacional estudia retirar la concesión del club a la asociación sindical ó tal vez, entregarle otra más así los muchachos no se pelean entre ellos.

Racing Club: pionera institución del fútbol argentino, la famosa “Academia de la Privatización” debido a que fue la primera en utilizar este formato allá por principios de siglo XXI, sufrió horrores debido a malas administraciones. Así fue que la firma “Blanquiceleste SA” presentó quiebra en el año 2010, y ésta fue comprada por “Francella SA” quien imprimió el logo de “Te quierooooo” en la popular camiseta celeste y blanca. Este amor duró unos años, cuando después de una nueva quiebra apareció el viejo magnate Daniel Lalín, quien prometió portarse bien y devolver los años de gloria, tal como hizo en la década del 90.
Los hinchas racinguistas le creyeron nuevamente y se dejaron convencer por este señor que realizó un vaciamiento de la institución, vendiendo el estadio a un supermercado yanqui y huyendo con el dinero a Europa junto a la veterana ex vedette Graciela Alfano viuda de Alé, para ambos someterse a uno de esos costosos tratamientos criogénicos.
Hoy, una cooperativa llamada “Albiceleste Coop. Limitada” formada por los hinchas, maneja los destinos del equipo que milita en Primera D y hace desde el año 2001 que no sabe lo que es festejar un título. Eso sí, sacaron la frase “Te quierooooo” de la camiseta y ahora al lado del escudo le pusieron dos pinitos.

Deportivo Santa Cruz: el “súper depor” argentino es el que más se benefició con este nuevo sistema de empresas en el fútbol. Creado por un anónimo magnate petrolero que se hace llamar “Néstor K” este equipo hace quince años que viene ganando en forma consecutiva los torneos de Argentina, la Copa Libertadores, La Copa Sudamericana y también organiza en su estadio el Mundial de clubes que por supuesto también gana. Su primer equipo, al igual que la vez anterior, representará a nuestro país en el próximo mundial. Del misterioso dueño del Deportivo, sólo se conocen un par de declaraciones vertidas en forma exclusiva a “Radio K” de Santa Cruz, entre la que resalta la que dice: “Sheñoressshh, éssshhte essshh el fiel ejemplo de que cuando ssshhe quiere, sssshhe puede".

Por su parte, los otros equipos de primera hacen los que pueden para subsistir en el negocio del fútbol, entre los que se destacan: Huracán dirigido por el empresario uruguayo “Patota” Morquio que quiere revitalizar el fútbol de su país; Colón de Santa Fe quien hace poco fue adquirido por “V&V SA” pertenecientes a dos ex gobernantes de la zona, los señores Vanrell y Vernet, que pagaron sus acciones con juguetes y pedazos del ex puente colgante; Newells y Central adquiridos por el ex ministro de justicia provincial Eduardo López que los aunó en un solo equipo para abaratar costos y en pocos días estrenarán una nueva camiseta de hermosos colores roja, negra, amarilla y azul ; “Córdoba Athletic clú”, desprendimiento de la ya vieja y obsoleta fusión entre Talleres, Belgrano, Instituto y Rácing de la mediterránea ciudad, dirigido por el empresario musical “Mona” Jiménez que hoy cuenta con 51 jóvenes años, a punto de cumplir los 50, y que es íntimo amigo de Grondona a quien conoció en el Instituto Criogénico de Alemania; y por último Banfield, que al parecer este año desertará de la competencia debido a que sus inversores no quieren pagar lo estipulado por miedo a no poder recuperarlo ya que hay rumores de que en sus viajes para jugar en el interior del país, en las bodegas del micro “Flecha” trasladan droga y no el equipaje. El dueño del equipo, el ex Intendente de Lomas de Zamora Eduardo Duhalde, negó estas versiones y sólo se limitó a decir que: “en mi equipo, el que depositó dólares recibirá dólares

Por consejo de Don Julio que todavía acuña su frase predilecta de “todo pasa, aun con criogenética”, Florencia Kirchner decide garantizar los espectáculos deportivos, fijar sin paritarias la entrada popular en 10 Patagones y dar OK para que comience el torneo, ya que, a pesar de alguna escaramuza aislada, al parecer está todo tranquilo y sin grandes novedades. No se pierdan las acciones todos los Domingos por “DESDE EL TABLÓN TV” que transmite los partidos en vivo y en directo por su sistema “pague por ver”. Y si es pobre, no se preocupe amigo, escuche los relatos por “RADIO DESDE EL TABLÓN” la única con licencia oficial para la transmisión y luego reviva las acciones y los entretelones comprando “EL GRÁFICO DEL TABLÓN” todos los martes en su kiosco.

Aclaración: este relato es de Ciencia Ficción. Cualquier coincidencia con la realidad, es en realidad una coincidencia cualquiera. El autor se hace totalmente responsable de sus escritos (aunque no sabemos quien es). Ante reclamos ó intentos de asesinatos, rogamos presentarse en nuestras oficinas de Avenida Casilda 2536, 2ª piso Ascensor, Oficina Nro 3,1416 (Pi), Rafaela, Pcia de Bariloche, República de Los Niños (Asia Central).

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miércoles, diciembre 05, 2007

JUGADA PREPARADA

Desde que el fútbol es fútbol, los protagonistas de este deporte se han devanado los sesos pensando la manera de poder marcar goles y así obtener triunfos. Debido a esto, los entrenadores de los equipos fueron extremando su ingenio a través del tiempo y al encontrarse con que el juego deparaba innumerables situaciones dinámicas que no podían controlar, hicieron foco en las que sí podían prever y es ahí donde nacieron las denominadas “jugadas preparadas”.

Estas opciones con la que cuentan los equipos nacen generalmente de un tiro libre ó corner a favor y los planteles se esmeran por practicarlos habitualmente para así poder obtener un funcionamiento adecuado y movimientos coordinados cuando se les presenta una de estas opciones durante un partido y poder aprovecharla al ciento por ciento. En el fútbol de nuestro país, tuvimos y tenemos gente realmente experta en el diseño y preparación anticipada de jugadas como Osvaldo Zubeldía, Carlos Griguol, Carlos Bilardo, Horacio Bongiovanni y José Luis Brown entre otros, quienes hicieron del tiro libre un canto a la planificación, llegaron a llamar “laboratorio” a la sesión de entrenamiento y esa dedicación, por consiguiente, le redituó grandes satisfacciones.

Pero si de especialistas hablamos, los fanáticos del fútbol de nuestro país deberían conocer la historia de don Marco Giaele Bonggiorno quien fue uno de los precursores de las jugadas de pizarrón cuando se desempeñó como entrenador del Club Social y Cultural de la localidad de Barranquera. Este señor, inmigrante italiano que se había radicado de joven en el pueblo, llegó al fútbol casi por casualidad ya que él se desempeñaba como profesor del Grupo de Teatro perteneciente a la Sub Comisión de Damas de la institución y su único contacto con el deporte era los días Domingo cuando asistía como espectador a los partidos que jugaba el primer equipo, válido por un torneo zonal en el que participaban hacía muchos años pero que nunca habían tenido la suerte de ganar. Tras el inesperado fallecimiento del entrenador de toda la vida, don Fito Muñoz, el cargo cayó en manos de Bonggiorno por decantación, ya que por esos días no tenía donde dictar sus clases debido a que estaban refaccionando el salón donde lo hacía habitualmente y además porque no había otro empleado del club que pudiera dedicarle algún tiempo al equipo profesional de fútbol.

Contrariamente a los que podía suponerse, “El Tano” como enseguida lo bautizaron los jugadores, se tomó muy en serio su nuevo trabajo y tras la presentación de rigor ordenó un doble turno de entrenamiento para poder ir conociendo las características de sus dirigidos y ya por el tercer día de trabajo ordenó la primera práctica de jugadas elaboradas que él mismo había diseñado la noche anterior. Estas primeras ideas del DT eran simples pero a la vez sorprendentes para los jugadores que nunca habían realizado este tipo de entrenamiento y alguno de ellos, como el “Zurdo” Velásquez que era un desobediente táctico al cual ya le daba calor ser dirigido por un profesor de teatro, se mostraron reticentes y cumplieron las órdenes a regañadientes. La satisfacción de don Bonggiorno llegaría inmediatamente, cuando su equipo ganaría los dos primeros partidos, ambos por dos a cero y con sendos goles marcados tras jugadas preparadas.

Esos primeros triunfos alegraron a propios pero también alertaron a los demás equipos sobre las nuevas artimañas que presentaba el equipo de “Social y Cultural” y por lo tanto su entrenador debió ingeniárselas para crear nuevas jugadas que resultarían un poco más complicadas en su ejecución pero servirían para desorientar a los ya avispados rivales. Así es que en los partidos subsiguientes, al momento de ejecutarse un tiro libre, éste ya no se haría tirando un simple centro al primer palo para que alguien la peine y otro jugador parado en el punto del penal dé la estocada hacia la meta, ni tampoco harían un toque para “sacar” la pelota de la línea de la barrera y que venga el mejor shoteador a ajusticiar al arquero rival. Marco Bonggiorno había decidido poner en práctica sus conocimientos actorales para diseñar una jugada en la que al momento de ejecutar la falta, dos jugadores discutían reclamando el derecho de patear haciéndose del centro de la escena mientras un tercero, silbando bajito, se acercaba al balón y disparaba para sorpresa del arquero rival. Esa jugada, más otra similar a la salida de un corner, salieron de maravillas, y les valió dos goles y dos triunfos más para el equipo que ya marchaba puntero e invicto en el campeonato.

Con cuatro triunfos en igual cantidad de partidos, la valla sin goles en contra y el comentario del ordenamiento táctico-técnico que adoptaba el equipo al momento de los tiros libres, el “Social y Cultural” era la revelación del torneo y la sensación del pueblo y zona de influencia. Su entrenador, ya se había hecho fama de pillo y todos sus pares, alertados por la situación, enviaban espías a los entrenamientos por lo que “El Tano” restringió el acceso al público durante la semana. Los Domingos, el equipo se plantaba en la cancha con un ordenado 4-3-3 pero el momento cúlmine lo lograba en la ejecución de los tiros desde la esquina y las faltas cerca del área. En esos momentos, las jugadas venían cada vez más elaboradas y nunca se repetían de un partido a otro lo que hacía que sus rivales no puedan ó no sepan plantear alguna contra táctica efectiva y que el público se deleite con las pequeñas tramas que se tejían al momento de la pelota parada. Ya no sólo eran diálogos entre jugadores reclamando su oportunidad de shotear, ahora los players se transformaban por un ratito en verdaderos actores dentro de la cancha e interpretaban pequeños papeles, esgrimiendo diálogos de libretos que el mismo Boggiorno escribía, caracterizando personajes maléficos que impedían el remate ó héroes que pateaban al arco cuando nadie se lo esperaba y marcaban el tanto, para algarabía de la parcialidad y desazón de los rivales. El equipo seguía su marcha triunfal y a pesar de que todavía tenía alguna resistencia por algunos de sus jugadores a los cuales les daba pudor la actuación, al profesor Marco Bonggiorno poco parecía importarle y se lo veía exultante por la vida. A los entrenamientos del equipo los llamaba ensayo, a los jugadores les decía actores, se refería como escenario cuando nombraba a la cancha y era capaz de perdonar que uno de sus dirigidos se pase con los festejos de los triunfos (“el vino desinhibe”, decía) pero no así que alguno se olvide la letra que le correspondía decir.

El punto máximo llegó al momento de la semifinal del torneo. El partido era contra “Unión Barranquera” el otro equipo del pueblo, quienes además eran los últimos campeones y para ello el entrenador trabajó a destajo durante la semana planificando el partido y las jugadas preparadas que plantearía en caso de tener un tiro libre a favor. A pedido de él mismo, el match se disputó un Sábado a la noche, día más apropiado para una función de teatro que un Domingo a la tarde y el estadio se encontraba rebosante de gente: hinchas con banderas, pero también mujeres muy bien vestida junto a sus maridos de impecable traje negro, vestimenta adecuada para una noche de gala. Promediando el segundo tiempo del cerrado partido, cuando todo parecía encaminarse a la definición por penales, el habilidoso número diez del “Social y Cultural” encaró hacia el arco y fue derribado justo en la línea donde nace la medialuna. Los espectadores se prepararon para lo mejor de la noche y esto sin duda alguna sucedió. El “Zurdo” Velásquez tomó pelota con las manos para acomodarla en el punto exacto y con las mejillas sonrojadas por la situación, comenzó un monólogo digno del Colón: “Ser ó no ser, ésa es la cuestión” dijo y la popular estalló en aplausos. De ahí en más se desencadenó una sucesión de actos protagonizados por los once titulares más la colaboración de dos suplentes (a los que Bonggiorno llamaba extras) que duraron más de media hora, incluyeron el drama, la comedia y brindaron un mensaje de fe y esperanza a los espectadores que miraban embobados desde las gradas la hermosa exposición que le brindaban sus jugadores y acompañaban la atónita mirada del árbitro del cotejo que no se animó a apurar las acciones y las de los jugadores del equipo rival que debido a la cercanía que tenían en las secuencias que se desarrollaban, llegaron hasta las lágrimas de la emoción. El acto final, que coincidió con la muerte del protagonista de la pieza, fue un remate esquinado que hizo estéril el esfuerzo del arquero y se convirtió en el único gol del partido que clasificó al equipo del Club Social y Cultural a la primera final de su historia.

Don Marco Giaelle Bonggiorno vivía sus días de gloria. El equipo no paraba de ganar y sus puestas en escena tenían un record de asistencia nunca visto y eran comentadas en toda la zona. Para el último partido estaba decidido a hacer una presentación memorable, digna del acontecimiento que sería ese match para el club y los hinchas de su equipo. Estaba ante una oportunidad histórica y no quería desaprovecharla. Para ello, y gracias a los quince días de tiempo que tenía para sus ensayos antes del juego, escribió un libreto digno de Shakespeare mientras sus dirigidos hacían la puesta a punto física corriendo alrededor de la cancha, ordenó una férrea concentración mas que nada para evitar posibles filtraciones acerca del argumento que tendría la obra en caso de que se ejecute algún tiro libre desde la derecha y habló personalmente con el intendente de Barranquera para que facilite los servicios de la orquesta municipal y colabore monetariamente con el armado de una escenografía digna de la ocasión, a lo que la máxima autoridad, reconocido hincha del “Social y Cultural”, aceptó gustoso.

El día del partido ante “Juventud de Charata”, que nuevamente se jugó un sábado a las 21.30 a pedido del entrenador – director, el estadio estaba colmado de hinchas de uno y otro equipo, pero también de gente ajena al fútbol de todas las localidades y hasta se había hecho una invitación especial al crítico de arte del diario de la capital provincial, que atraído por los comentarios había llegado a primera hora para presenciar el match. El partido, casi pasaba a un segundo plano y hasta los asistentes habían recibido a la entrada un papelito impreso como “Programa” en los cuales se informaba a la afición sobre las diferentes opciones que interpretaría el equipo en las distintas acciones de juego: “Corner desde la derecha: Fragmento de Mariana Pineda”; “Corner desde la Izquierda: Nazareno Cruz y el Lobo”; “Falta en la media cancha: Yerma” y así el listado continuaba. El encuentro, como buena final, era duro y disputado. Los equipos no se daban ventaja y los de Juventud se cuidaban especialmente de no generar faltas cerca de su arco, pero no pudieron evitar que promediando el segundo tiempo, un férreo marcador central derribara a “Chiquito” Ruiz, el centrodelantero del equipo de Bonggiorno que al ver la acción de juego, y que el árbitro pitaba la falta, presumió que había llegado su momento. Con un gesto ordenó la jugada a realizar, luego miró al director de la banda municipal para que apreste a su orquesta e hizo un estridente chiflido llevándose dos dedos a la boca para llamar la atención del escenógrafo que estaba presto sobre una de las columnas de iluminación. Todo estaba preparado para el gran acto final, la gente expectante y los rivales que se miraban con preocupación temiendo lo peor. El “Zurdo” Velásquez, (capitán y encargado de los remates al que el Tano llamaba actor principal) acomodó el balón, tomó tres pasos de carrera y al escuchar el silbato del árbitro sintió la orden de su DT que gritaba ¡acción!. Velásquez, que como dije antes era un desobediente táctico, llegó a la pelota y le dio un fenomenal patadón que hizo que el útil se colara como un misil en el ángulo del arco del sorprendido guardameta que esperaba cualquier cosa menos el remate directo.

Gol. Golazo. Recontra golazo para el Zurdo que salió gritando con alma y vida con sus mejillas coloradas pero esta vez por el fragor y no por la vergüenza que le producía la actuación y fue a colgarse del alambrado donde estaban los hinchas de su equipo que no sabían si festejar ó pedir que se repita la acción., pero con otro intérprete. El árbitro pronto marcó el final del partido. El Club Social y Cultural era campeón por primera vez en su historia y los simpatizantes invadieron la cancha para festejar, dar la vuelta olímpica y levantar en andas a sus héroes. Pero a don Marco Giaelle Bonggiorno nadie lo encontró para felicitarlo. Algunos dicen que lo vieron salir del estadio llorando y que se volvió a Italia; otros que lo vieron en la capital de la provincia caminando con la mirada perdida y su ropa raída; los más inescrupulosos aseguran que se fue a México donde, con antelación a ese último partido, había arreglado un contrato muy ventajoso aunque no podían asegurar si era para dirigir un equipo de fútbol ó un grupo de teatro. Lo cierto es que al “Tano” no se lo vio nunca más por el pueblo. Un pueblo que nunca volvió a tener una obra de teatro ni a disfrutar de fútbol como lo había hecho en esos días de jugadas preparadas.

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viernes, octubre 12, 2007

CORTITO Y AL PIÉ V

LA LLAMADA

Recostado en la camilla de la sala de emergencias de una clínica, un hombre estaba casi inmóvil por orden del médico que lo revisaba. Con rostros serios, voces preocupadas y miradas adustas, ellos mantenían el diálogo de rigor correspondiente a un chequeo médico que todavía no entregaba respuestas a los dolores del paciente que cada vez estaba más preocupado por la situación, aunque también un poco avergonzado y molesto por tener que acudir a los servicios de un gran profesional, que a pesar de ser su amigo, seguramente tenía enfermos muchos más complicados para atender.

De pronto, el sonido de un teléfono celular cortó el diálogo aunque el doctor decidió no atender para poder seguir con su rutina. No más de un minuto después, nuevamente el celular sonaba con ese sonido tan serio como el dueño. El paciente, conciente de su no tan delicada situación, lo arenga a que atienda pensando que seguramente sería alguien con una complicación mayor, o peor aún, con riesgo de muerte.

El galeno desenfunda su teléfono como un cowboy en un duelo, agudiza la vista para leer la pantalla que le indicaba el nombre del que lo llamaba y con vos gruesa y seria responde: -Ramiro, como te va. A continuación, su rostro se puso más serio aun y se tomó la cabeza con la mano que le quedaba libre. Lo que oía del otro lado, no era para nada bueno y su paciente, todavía recostado y mirándolo desde la camilla, temió lo peor. “Se ve que no me equivoqué”, pensó; y siguió con su monólogo mental: “Por la cara que puso, capaz que lo llamó alguien en muy grave estado ó directamente para informarle el deceso de alguien, bah, lo que sea que fuere se ve que es gravísimo”.

El médico solo dijo una frase más antes de cortar la comunicación: “Bueno, yo me arreglo” y para el tercero que escuchaba recostado, la situación seguía siendo inentendible. El doctor guardó su teléfono, tomó nuevamente su estetoscopio para continuar con el chequeo y lo miró a su amigo con cara de preocupado. "¿Algún problema?" Éste le preguntó. "Si necesitas irte, llamamos a otro médico para que me revise", agregó. Se hizo un silencio casi eterno, segundos después, el médico tomó del hombro a su amigo y con gesto consternado, como el que va a dar la peor de las noticias explicó: - Vos me vas a entender, ¿No conocés a alguien que sepa atajar? Me avisó el arquero que mañana no puede ir a jugar.

El problema era grave. El paciente no se había equivocado.

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viernes, octubre 05, 2007

CORTITO Y AL PIÉ IV

CONFESIÓN
Desde que me había puesto de novio con Verónica que había tomado distancia de ella y ya no la frecuentaba como antes. Y claro, cada vez que nos encontrábamos, Verónica me hacía escenas. Yo al principio me enojaba, después me fui acostumbrando a sus planteos, pero un día tuve que decidir: Verónica ó ella. Y a Vero la amaba, siempre la amé y por lo tanto con ella cada vez nos vimos menos y casi a escondidas.

De casados la cosa se puso más difícil. Al lado de nuestra nueva casa había un terrenito y, junto a otros pibes, ella venía y pasaba varias horas allí. Y Verónica la veía y me lo decía. Yo hacía como que no importaba, pero me moría de ganas por cruzar el tapial para estar con ella. La extrañaba, si, pero no quería molestar a mi esposa, no quería fallarle.

Pasó un tiempo y un día Verónica me despertó de la siesta: mirá, me dijo, mirá por la ventana y la vas a ver...ella entró a nuestro patio. Me levanté de un salto y vi justo cuando uno de sus nuevos amigos la sacaba de allí, a sabiendas que ese lugar no le correspondía. Ahí mi señora explotó: ¡No la quiero más por acá! Me dijo. Y continuó: si aparece de nuevo le clavo un cuchillo. Quise calmarla, pero fue inútil.

Salió al patio, y se sentó a esperar. Paciente, fría, con la mirada fija en nada, ahí conocí los ojos de una asesina. Y el momento tan temido, llegó: ella nuevamente en nuestro patio, buscándome. Pero se iba a encontrar con Vero, que muy enojada, la rodeó con su brazo izquierdo mientras que con el derecho maniobraba esa cuchilla brillante y afilada como si fuera una experta.

No pude contenerme: ¡Soltala! Le grité mientras llegaba corriendo. No lo hagas por favor, le dije en mejor tono, mientras le tomaba la muñeca derecha y la alejaba de ella. La abrasé mientras Verónica se iba casi llorando; la acaricié, disfrutando ese reencuentro después de tanto tiempo, justo cuando uno de sus nuevos amigos se asomaba por sobre la pared:

-Don, ¿me devuelve la pelota? Me pidió.

Le pegué un zurdazo de chanfle, como en mis mejores épocas, para que ella traspase el tapial, quede en libertad y vuelva con esos pibes que tal vez dentro de unos años sepan defenderla mejor que yo.

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viernes, septiembre 28, 2007

CORTITO Y AL PIÉ III

ORGULLO
Sentados en la montañita de tierra que estaba al lado de la canchita discutíamos con mis compañeros de equipo la táctica para el segundo tiempo. Discutíamos es un decir, porque hasta ahí íbamos perdiendo 4-1 y con baile y les digo la verdad, no teníamos ni idea de que hacer para que, en lo que faltaba, no nos hagan más goles y nosotros metamos por lo menos tres para lograr aunque sea un heroico empate.

No hizo falta hablar mucho, la táctica iba a ser “hacer lo que se pueda”. Tomamos un trago más de agua y nos ubicamos en nuestras posiciones para arrancar la segunda media hora, cuando uno de ellos, “El Enano” que juega muy bien, se le ocurrió “equilibrar” el juego haciendo un trueque de jugadores: “Paso yo para ustedes y viene uno de ustedes para acá” fue la oferta. Era como un volver a empezar, y por más que con esos cambios el resultado difícilmente variaría, el partido se equilibraría y sería más que interesante, además de ofrecerle en bandeja una supuesta victoria al que pasara para el otro lado.

Yo me quedé callado cuando escuché la propuesta, paradito en la imaginaria línea del lateral izquierdo ya tenía decidido que no iba a cambiar de equipo. Entonces miré para otro lado como desentendido, pero con el oído expectante para escuchar la respuesta de mis compañeros. El Enano redobló la apuesta y se ubicó en nuestra mitad de la cancha, esperando que alguien de nosotros dé ese pequeño paso hacia el otro lado de la frontera virtual y comience el juego. Nadie se movió. Ninguno de mis compañeros quiso cambiar. Todos preferimos pelearla contra la adversidad juntos antes que el triunfo cómodo compartido con extraños.

El partido terminó, como no podía ser de otra forma, en una clara derrota por 6 a 2. Pero me di cuenta que eso no importa porque el sábado que viene habrá revancha y seguramente ganaremos si ponemos en la cancha un poquito del orgullo que demostramos mientras el “Enano” volvía a tomar su posición para arrancar el segundo tiempo.

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viernes, septiembre 14, 2007

CORTITO Y AL PIÉ II

Líbero
La gente no sabe nada de fútbol. Van a la cancha, escuchan la radio, ven los partidos por TV, más tarde se sientan a escuchar a los que supuestamente saben más que ellos, leen revistas especializadas, van a jugar con sus amigos, pero no saben nada.

Los Directores técnicos no saben nada de fútbol. Estudian, trabajan en la semana, se rompen la cabeza para plantear una táctica efectiva, forman el equipo, dan instrucciones, gritan, se quedan sin voz, gesticulan, pero de fútbol no saben nada.

Mis compañeros de equipo no saben nada de fútbol. Son profesionales de elite, entrenan y cuidan su físico durante la semana, hace años que están en esto, salimos campeones y todo, y hasta algunos juegan en la selección, pero definitivamente no saben nada de fútbol.

Hoy, jugando la final que ganábamos 1-0, faltando dos minutos me llega la pelota. La presión del rival era casi insoportable. Dentro de nuestra área, enfrento al centrodelantero de ellos, lo eludo. Me sale el “7”, se la punteo por derecha y paso por izquierda. El marcador central de ellos, que había ido a jugar de atacante como último recurso me alcanzó y a la carrera me tiró un patadón que elegantemente esquivé con pelota dominada, pecho inflado y cabeza levantada buscando el mejor destinatario para mi salida. Un hueco se abría en el equipo rival que era como un túnel que me llevaba directo hasta el arquero de ellos, era el golazo de mi vida...

¡¡¡Reventala pelotudo!!! Fue el grito unánime y desesperado de la gente, de mi DT, y de mis compañeros. Les dije que no saben nada de fútbol.

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viernes, septiembre 07, 2007

CORTITO Y AL PIÉ I



Yo, como amante del fútbol y la lectura, he leído a lo largo de los años varios “Cuentos de fútbol” y me animé, más como un desafío personal que otra cosa, a escribir algún que otro “relato” como lo bauticé porque me daba pudor nombrarlo cuento y que si ustedes son seguidores del blog, habrán tenido oportunidad de leer. Fontanarrosa, Dolina, Sacheri, Benedetti, Trasmonte. son algunos de los autores que, para mi, incursionaron con gran estilo esta rama literaria. Pero también hay otros que no voy a nombrar que tal vez no estaban preparados para hacerlo, pero se tiraron a la pileta...y así les fue.

En estos últimos tiempos, hubo como un auge de los “Cuentos de fútbol” y ahora parece que cualquiera que haya ido dos veces a la cancha y sepa hilvanar dos frases publica un libro. Yo, por el momento, y debido a la saturación “cuentística-futbolera” del mercado no tengo ganas de sentarme a escribir algún relato, así sepa que no lo va a leer casi nadie, como aparentemente sucede con este blog. ¡Menos mal! Dirán ustedes, así no tenemos que padecerte, y tienen razón porque si los autores que nombré en el primer párrafo serían lo que al fútbol “tipos de selección” yo, siguiendo con la comparación, no pasaría de jugar en la reserva de alguna liga local.

Pero como esos jugadores fracasados, que se mudan para encontrar su lugar en el deporte y se van a jugar al “Fútbol Sala” ó “Fútbol Playa” que nos presenta un escenario más chiquito donde es más fácil sobresalir, hoy yo les traigo una idea que se me ocurrió a la cual denominé: “Cortito y al pié” y consiste en plasmar alguna historia ó hecho en pocas palabras, que no llegan a conformar un cuento. Y hoy les traigo el primero de ellos, para tratar de provocar algún tipo de emoción mientras ustedes leen, piensan y por que no, en una de esas también se animan a escribir. Espero que disfruten de estas historias mínimas que suceden en el gigantesco mundo fútbol.

Momento
Ahí estaba yo, parado sobre el césped que parecía una alfombra verde, en el estadio colmado de gente que observaba el intenso y disputado partido que todavía no tenía goles.
Fué promediando el segundo tiempo, cuando salió el rechazo desde mitad de cancha. El “5” nuestro le dio un boleo fenomenal a la pelota que salió alta, girando sobre si misma, aparentemente sin rumbo predestinado pero, gracias a Dios, con la dirección acertada.

¡Le pelota venía hacia mí! Yo que hasta ese momento no había tocado una, me preparé: afirmé mis pies y concentré mi mirada en ese satélite que venía dirigido justo a mi cuerpo. En ese momento escuché el murmullo de la popular que me respiraba en la nuca. ¡Es mi momento! Pensé. Ahora todos podrán ver mis condiciones, me enfocarán las cámaras de TV. Una gota de sudor rodaba por mi sien, mientras el útil llegaba a mi, blanco y lustroso, agraciándome con su presencia como diciéndome: “allá voy, vamos a ver de lo que sos capaz, Ricardito”.

Tomé aire, y en el momento exacto exhalé mientras ahuecaba mi pecho para ofrecerle a la pelota una mullida bienvenida. Ella me golpeó y quedó mansita en el piso, buscando cobijo bajo la suela de mi pié derecho. ¡¡Parezco el Enzo!! Pensé y me imaginé a mi vieja sentada frente al televisor mirando la jugada, emocionada al verme. Levanté la cabeza para ver las distintas opciones que me ofrecía el juego cuando escuché el grito:¡¡¡Dale nene, dejá de dormir y alcanzame la pelota que para eso estás!! Fue la orden del arquero que no sabía nada de sueños y tenía que apurarse para hacer el saque de meta.

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viernes, agosto 10, 2007

EL FÚTBOL DE LOS SÁBADOS

A los que nos gusta el fútbol hay una sola cosa que nos resulta mejor que verlo: jugarlo. Y a todos los varones desde chicos seguramente alguna vez nos pusieron a patear una pelota; a algunos no les gustó y desecharon este deporte para siempre y otros sencillamente quedamos “enamorados” de esta actividad y cada vez que podemos vamos a jugar al fútbol.

Desde mi infancia siempre jugué al fútbol como cualquiera de ustedes. Conciente de mis claras limitaciones siempre tuve la certeza de que yo nunca sería jugador profesional, ni que podría hacerlo en ningún equipo infantil de cualquier club, pero nadie me sacaba las ganas de jugar. Acompañado por dos primos de mi edad, Eduardo y Alejandro, corrí tras una pelota (que podía ser de cuero, de plástico ó de trapos) por gran cantidad de lugares: la calle con poco tránsito donde se ubicaba mi casa, por los campitos que había cerca y de los cuales alguna vez hablé, por los canteros que estaban (y están todavía) emplazados en el boulevar donde vivían mis primos y algunos lugares más.

Ya en la adolescencia, el jugar al fútbol se fue tornando algo más ordenado, tanto en el juego mismo como en la organización de los partidos. Lamentablemente, por razones de diferencia de horarios en el colegio, ya no jugaba con mis primos a quienes no veía tanto, pero si con mis compañeros de escuela. Éramos un equipo medio pelo para abajo, pero nos divertíamos mucho cuando íbamos a jugar ya sea entre nosotros ó cuando organizábamos algún partido contra otros pibes de la edad. Años más tarde, ya veinteañero y con el equipo escolar desmembrado, me dediqué al “Fútbol 5”, un engendro típico de estos años en los que nos falta tiempo para la diversión, junto a compañeros de trabajo y otras amistades.

Hoy con 33 almanaques de edad, y luego de un parate de algunos años, volví a jugar al fútbol. No lo hago con la asiduidad que lo hacía anteriormente pero los sábados cada vez que puedo digo presente en un equipo en el cual también juegan aquellos dos primos – amigos de la infancia y quienes también son lectores del blog. Días pasados uno de ellos, Eduardo, me invitaba a participar de un partido (como hace siempre a pesar de mis continuas complicaciones para asistir) y de paso me alentaba a “escribir algo sobre el fútbol de los sábados” a lo que yo respondí que tenía ganas de hacerlo pero que la idea no había tomado forma en mi cabeza y no estaba lista para salir “a luz”. Pero, luego del último partido al que asistí, y tras la tercera interrupción del juego debido a que el hijo de cuatro años de edad de nuestro arquero se metía adentro de la cancha a jugar, me di cuenta como van cambiando las cosas para los jugadores amateurs a medida que pasan los años y por ello hoy les traigo las diferencias en diez puntos esenciales, para que lean, piensen, reflexionen y larguen un lagrimón:

JUGAR AL FÚTBOL PARA UN NIÑO, UN ADOLESCENTE, UN VEINTEAÑERO Y UN TREINTAÑERO COMO YO:

*El Lugar:
Niño: La calle, una vereda, un cantero...donde sea
Adolescente: un campito, ó “potrero” con dos buzos como arco
Veinteañero: una cancha semi profesional
Treiteañero: Una cancha no tan grande para no tener que correr tanto.

*Horario:
Niño: cualquiera fuera del horario escolar
Adolescente: A la tarde después de la siesta
Veinteañero: a la siesta, así después me voy de mi novia
Treintañero: A la siesta, antes de que se despierten mis hijos porque después los tengo que llevar a un cumpleaños.

*Los equipos:
Niño: los de River contra los de Boca
Adolescente: los de un curso contra otro
Veiteañero: los de una barra contra otra barra
Treitañero: Solteros contra casados.

*Duración del partido:
Niño: Hasta que nos llamen a tomar la leche
Adolescente: a 12 goles
Veinteañero: dos tiempos 45 minutos cada uno
Treitañero: Hasta que nos cansemos...1/2 horita...no más por favor

*Vestimenta:
Niño: un buzo, casual
Adolescente: un short y una remera
Veinteañero: el equipo de su cuadro favorito o de un club europeo
Treintañero: Un buzo que arruinó la última vez que pintó en la casa y que ya le queda corto en la panza.

*Tácticas:
Niño: todos atrás de la pelota
Adolescente: 11 jugadores que corren toda la cancha
Veiteañeros: hoy utilizan un ordenado 4-4-2
Trinteañeros: 2 defensores y 8 más

*Post partido:
Niño: se van a tomar la leche
Adolescente: se van a tomar una Coca
Veinteañero: se toman unas cervezas
Treintañeros: toman aire y se las toman enseguida.

*Excusas para jugar:
Niño: festejamos mi cumpleaños y jugamos un partido
Adolescente: Hacemos un picnic y jugamos un picadito
Veiteañero: Hacemos un asado y mientras tanto jugamos un picado
Treintañero: Hacemos un asado y mientras tanto nos comemos una picada mirando un partido por TV

*Motivos para faltar:
Niño: enfermedad
Adolescente: no hay excusa
Veiteañero: tampoco
Treintañero: el laburo, los chicos, un viaje...de todo menos la señora (el orgullo ante todo)

*Al otro día del match:
Niño: ¿Hoy jugamos de nuevo?
Adolescente: ¿Cuándo jugamos de nuevo?
Veinteañero: Nos vemos el próximo sábado para la revancha
Treinteañero: ¡¡Un kinesiólogo por favor!!

Así están las cosas hoy para quien esto escribe. El fútbol fue, es y será parte de mi vida y mientras pueda entrar decentemente adentro de una cancha aunque sea para recibir la pelota y tocársela a un compañero y tal vez intentar un remate al arco, allí estaré. Adentro de una cancha, vuelvo a ser el pibe de pocas condiciones, el adolescente que entregaba todo de sí y el veinteañero calentón que no quería perder, todo junto adentro de un cuerpo de casi 34 años con kilos de más. Porque cuando veo venir esa linda pelota número cinco, me parece estar recibiendo aquélla hecha con medias que fabricaba mi primo Alejandro; ó cuando alguien me pega un grito porque estoy desacomodado en mi puesto, me parece oír el reto de mi amigo el “Negro” de la secundaria; y cuando corro y no llego, añoro esa canchita de fútbol 5 que transitaba algunos años atrás.

Eso es el fútbol de los sábados para mi hoy en día: más que un entretenimiento ó una competencia, es un puñado de emociones y recuerdos que se juntan, se enredan y se disuelven tras el pique de una pelota rumbo al arco. A pesar de que cuando alguno de mis primos me habilite con un pase largo, yo ni me esfuerce por alcanzar la pelota y la deje pasar sin correrla diciéndole: “me la tiraste quince años tarde”.

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viernes, mayo 11, 2007

EL ARREGLO

Basado en una historia real

Anochecía en Villa de la Cañada y como todos los días a las siete de la tarde el buffet del club “Deportivo Cañada” se iba llenando de personas y personajes habitué del lugar. Las mesas descoloridas rodeadas de sillas plásticas provistas por alguna fábrica de cerveza que ya no existe y el largo mostrador de madera cubierto de vasos vacíos y de botellas a medio servir, son los únicos muebles del lugar que tiene como única decoración las paredes grises adornadas de viejos banderines de clubes ignotos que pasaron alguna vez por el lugar y las fotos de viejas glorias deportivas. Un poco más atrás el clásico Metegol y la mesa de pool entretienen a un grupo de muchachotes que no tienen otra cosa mejor que hacer que perder el tiempo.

El “Ruso” Polianski, único responsable del lugar y que hace las veces de mozo, cajero y ordenanza, fumaba un cigarrillo acodado en la barra mientras miraba en silencio como poco a poco iban llegando los comensales de siempre que iban tomando ubicación en los lugares de siempre. Tito con Pedro en la mesa que está al lado de la ventana; Pipo, Rolo, el Chaqueño y Don Bustinza en la eterna partida de truco; y el “Negro” Ponce sentado más atrás que hacía rato ya había comenzado a ahogar sus penas solo y con la mirada perdida. Todo se repetía una y otra vez, día a día, como una mala película de televisión. A dos metros del mostrador estaba la mesa de “los notables” y que justo acababa de completarse en su habitual formación: el presidente del club don Alejandro Balls, reconocido médico cirujano y dueño además de la única clínica de la ciudad; don Victorio Echecopar abogado y vicepresidente de la entidad, el tesorero del club y poderoso comerciante don Álvaro Garmendia y su hijo, Alvarito, un trintañero que acompañaba a su padre a todas partes como única ocupación reconocida y como no podía ser de otra manera, ocupa el cargo de vocal en la comisión.

Para la cúpula directiva, el encuentro en el bar no era solo recreativo si no que también serviría para acordar la acciones a llevar a cabo con motivo del próximo partido que el equipo del primera división disputaría el domingo y que era justamente la final del campeonato zonal y nada más ni nada menos que ante el clásico rival: el club “Juventud de Cañada”, tal como había sucedido cinco años atrás. El Ruso Polianski, sin que nadie se lo pida pero con conocimiento de causa, se acercó con lo de siempre: vermouth para cuatro con la picadita de rigor, mientras que en la mesa, casi sin prestarle atención, los integrantes seguían debatiendo ideas. –“El Domingo hay que ganar como sea”, exigía Alvarito con más aires de hincha que de dirigente.-“Ya lo sé m´hijo”, respondió su padre, “es una final” reforzó la idea mirando al presidente. Don Balls, tomó aire como quien va a dar un discurso, y con su característico tono soberbio, dictaminó: “No se preocupen, el domingo ganamos como que me llamo Alejandro. Vamos a hacer lo que tengamos que hacer para ser campeones. Con Victorio ya le prometimos a los muchachos premios dobles, y por las dudas, ya hicimos una reserva de dinero para…”. Los Garmendia sonrieron, no hacía falta que el presidente termine la frase para entender su significado. Sólo había que esperar que pasen los días para saber quien iba a ser su cómplice.

Llegó el día viernes y en el bouffet las imágenes se repetían una vez más, casi como una postal., aunque esa vez el tema de conversación era excluyente, todos los parroquianos hablaban del partido del domingo; final y clásico a la vez, imposible abstraerse del tema. La mesa de “los notables” degustaba su vermouth charlando de política nacional aunque faltaba un integrante. Promediando las ocho de la noche, Alvarito hizo su ingreso al recinto casi corriendo, sonriendo y hasta agitado de la emoción. Al verlo sentarse en su lugar, el Ruso preparó la copa y se la acercó junto al refuerzo de la picadita, mientras que casi sin verlo, el joven, exultante de alegría, comentaba a sus pares:
-“¡El Consejo designó de referee a Daniel Morán, el “Colorado!”
-“¡¡Les dije!!”
Respondió don Alejandro Ball mirando a los demás. “Les dije que iban a designar al Colorado…mejor… así no le tenemos que dar tantas explicaciones. Morán se vende al mejor postor y es casi de la casa así que ya sabe como es el asunto” Concluyó con una sonrisa, mientras el Ruso se acercaba con otra ronda de vermouth que solicitaba Alvarito.

Y Rusito, ¿preparado para el Domingo?” Le preguntó, ya más tranquilo, el hijo del tesorero a quien servía despaciosamente. El mozo, lo miró, sonrió y bajó la cabeza concentrándose en no volcar las copas que hacían equilibrio sobre la bandeja que llevaba en la mano. “Que pasa Ruso que no contestás, ya estás asustado? Apoyó el mayor de los Garmendia, levantando la voz para que todos escuchen, acomodándose en la silla y preparándose para lo que todos sabían que ya venía. Polianski terminó de apoyar sobre la mesa el refuerzo alimenticio que acompañaba a la bebida, y como hombre de pocas palabras que era, solo contestó entrecerrando los ojos:

-Otra vez una final, después de tantos años

No hizo falta que diga más, para que él mismo y todos los parroquianos inmediatamente hagan un repaso mental a los últimos años de la vida del encargado del bar: gran jugador de fútbol, aguerrido defensor, que había jugado toda su vida en el mismo club: Juventud, la odiada contra. Por su gran desempeño era ídolo de la institución y cinco años atrás, habían podido llegar por primera vez a una final de campeonato que perderían ante el rival de siempre, el Deportivo, en un partido al que asistió toda la ciudad, y en el que todos fueron testigos de aquel penal en el último minuto que el referee cobró, y el Ruso jura ante quien quiera oírlo, que no fue. Por supuesto, los hinchas de su equipo nunca le perdonaron aquella tonta mano dentro del área a un minuto del final, y lo responsabilizaron de la derrota, llegando al extremo de querer quemarle su auto, pintarle el frente de la casa acusándolo de coimero y llevando a la dirigencia a cancelarle el contrato de concesión del bar que atendía en aquel tiempo. Por suerte para él, apareció en su vida don Alejandro Ball y, más como una actitud provocativa hacia el clásico rival que una actitud generosa, lo incorporó al bouffet del club que preside, y allí lo mantuvo hasta estos días, lejos del fútbol y del club de sus amores, pagando la condena por aquel penal que él jura que no fue.

“¡¡Eh Rusito, te quedaste callado!!” Lo despabiló don Victorio, “¿Te estás acordando de los que te echaron como perro y casi te queman tu Torino ó estás pensando que nos vas a apostar esta vez?” Chicaneó, mientras Alvarito tomaba la posta, en lo que ya se había transformado en gastada y apoyaba: "Dale Polianski, veo que no aprendés más y a pesar de trabajar acá seguís hinchando para ellos, hace cinco años ya les ganamos ¿qué querés perder esta vez?" Mientras los demás asistentes al lugar ya reían y le gritaban cosas que ni se entendían, el Ruso acomodó su bandeja debajo del brazo derecho, hizo a un lado el pucho que tenía en los labios, y antes de retirarse contestó:

- Hay sentimientos que nunca cambian nene. Así que apostemos lo de siempre.

-"Como te gusta joder gente a vos", le dijo en tono risueño el tesorero a su hijo, y éste respondió afirmativamente con la cabeza, mientras apuraba el trago de vermouth,
-"Otra vez va a tener que pagar y servirnos el asado del lunes", agregó.
-Bueno, basta de bromas, interrumpió don Alejandro, pongámonos serios que tenemos que organizar el plan para el domingo, y no puede haber errores.
-"Hagamos como las otras veces, sugirió el vice dirigiéndose al doctor, el Domingo al mediodía Alvarito y yo vamos en mi auto hasta la garita que está a treinta kilómetros, esperamos el micro, lo paramos, buscamos al Colorado Morán y lo traemos hasta tu quinta, donde vos lo esperás con el asado de siempre y el sobrecito para él y los colaboradores. Cerca del horario del partido los arrimás en tu auto hasta cerca de la Terminal y listo, ellos llegan caminando a la cancha.
-Si, está bien, hagamos así
, contestó el presidente. Yo voy ultimando los detalles, para que todo salga limpito y nadie se dé cuenta. Como hacemos siempre, y como hicimos hace cinco años…jaja. Por el campeonato: ¡salud!
Las cuatro copas se chocaron en el aire y quienes las sostenían las vaciaron de un trago, rápido y limpio, como el arreglo que estaban organizado para la final.

El domingo amaneció con sol y cielo limpio, - “Un día ideal para la práctica del deporte dirían los relatores” le dijo don Victorio a Alvarito mientras éste se subía presuroso al coche último modelo del primero. El viaje hasta la garita fue rápido y casi ni emitieron palabra. Diez minutos antes del horario estipulado en que pasaba el micro proveniente de la capital provincial, ambos dirigentes estaban parados a la expectativa de verlo asomarse en la curva que estaba doscientos metros antes. Al fin lo divisaron, justo a horario. Tal lo planeado, Alvarito hizo señas y cuando el coche se detuvo, subió y enseguida empezó a mirar a los pasajeros buscando al referee Daniel Morán. A primera vista no lo divisó por lo que tuvo que pedirle al chofer que lo aguarde un instante: “estoy buscando a un familiar”, le dijo. Caminó por el pasillo que queda entre ambas filas de asientos, de punta a punta, pero Morán no estaba allí. Desconcertado, se asoma a la puerta del colectivo y le dice a Don Victorio:
-No está, Morán no está. El tesorero no se explicaba el hecho, y sólo atinó a recorrer en su memoria los diferentes horarios de micros provenientes de la capital, pero en días Domingo, éste era el único. Mientras, el chofer impaciente reclama: -“Bueno señores, tengo que seguir, ¿se suben ó se bajan?”. Alvarito pide las disculpas de rigor, y desciende por las escalinatas del ómnibus mientas éste cerraba las puertas y arrancaba. Atónito, lo mira a su coequiper como buscando una respuesta a una pregunta que no hacía falta formular. Manos en jarra Don Victorio, miraba para arriba como fijándose si la solución a la incógnita estuviera escrita en el cielo. Ninguno de los dos entendía que pasaba, ni sabía que hacer. ¡Vos y tu plan de siempre! Le recriminó Alvarito a su compañero, pegando un puñetazo en el capó del coche. “Tranquilo nene”, respondió Echecopar poniéndole una mano sobre el hombro, en lo que sería el principio de una discusión inútil, que no llevaría a nada y que terminaría con ambos revolcándose en la banquina trenzados en una pelea a puño limpio.

Mientras los integrantes de la Comisión Directiva del club Deportivo Cañada solucionaban sus diferencias a las piñas, un coche color azul asomaba su silueta en la curva distante a doscientos metros. Al pasar frente a ellos y escuchar un bocinazo que los alertaba, los boxeadores detuvieron su pelea y quedaron perplejos y enmudecidos por la sorpresa. En el interior del auto, se alcanzaba a divisar en el asiento de acompañante la inconfundible cabeza colorada de Daniel Morán, mientras que el chofer los saludaba con una sonrisa amplia y un pucho en la boca. El Ruso Polianski, ya saboreaba su venganza, mientras conducía el Torino hacia el campeonato de su equipo.

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